Primera llamada
Hace mucho, mucho tiempo,
establecí una relación directa con Dios, a quien yo le digo El Jefe, a través
de la oración. Misma que se ha ido convirtiendo poco a poco, a lo largo de los
años, en una plática silenciosa, entretenida y amena entre dos buenos amigos.
Por allá del 2002, El Jefe
y yo andábamos cortando rábanos en los United Estates, en donde yo encabezaba,
un archi, duper, mega chicles proyecto de enseñanza de la lengua inglesa
enfocado a latinos que habían fracasado en sus múltiples intentos de aprender a
hablar inglés.
Por esos entonces, Talking
English Corporation (mi empresa harto-acá) me dio muchísimas satisfacciones, de
las cuales, la más importante de todas y la mejor fue por supuesto: lograrlo.
Enseñarle inglés a todos aquellos que no tenían estudios suficientes para
comprender estructura gramatical alguna -y por eso fracasaban en todos los
métodos tradicionales- pero que declinaban y conjugaban perfectamente el
español al hablarlo, porque lo aprendieron de sus padres.
Cómo no había sistema que funcionara con mis muy amados alumnitos, yo inventé mi propio
método para trabajar con ellos, mismo que me saqué de mi súper manga de Maga
Merlina a la voz de:
-¡¿Cómo chiflados no?! –
Y lo eché a andar con
éxito con todos mis muchachitos, quienes después de trabajar, llegaban
conmigo por la tarde-noche, para aprender a hablarle a los gringos cara de
cuija en su mismo idioma y así, aspirar a hacerse de su mochada de pastel del
añorado sueño americano.
Junto a mi pequeña
oficina, tenía la suya un árabe, la mar de simpático, apuesto y galante, (todo
un bombón sexagenario) llamado Saber Mohsen, dedicado a los bienes raíces con
Remax.
Saber tenía la intención
de venderles casitas a latinos hispanoparlantes y para hacerlo, me invitó a
trabajar con él, invitación que yo acepté de inmediato, nomás porque Saber me
caía bien.
Lo apoyé con una
operación de compra-venta que nos cayó como fruto de un anuncio que Saber puso
en el periódico, y yo ayudé: captando al cliente a través del celular –que en
ese entonces era del tamaño mesmamente de un zapatófono del súper agente 86- ;
y luego traduciendo para que nuestro cliente, José, pudiera comprender
perfectamente que era lo que estaba sucediendo en todo momento, en el proceso
de la compra de su soñado cantón.
Saber me habló de un
talento innato que vio en mí para la vendimia –llévelo, llévelo, bara, bara- y
me sugirió que me dedicara a los bienes raíces.
Sabio y muy bien intencionado consejo que me entró por una oreja y me
salió por la otra con la rapidez de un torpedo.
La vida me dio un
revolcón de miedo, del cual hasta un libro escribí, -“Del Metro Balderas a
Nunca Jamás” de venta en amazon.com- y yo regresé a mi país, más que enojada,
furiosa con todo y con todos, incluido el Jefe (para no discriminar a nadie) y
con receptividad cero para escuchar sugerencia alguna o para ver más allá de mi
nariz de gomita.
Segunda llamada
Al volver a México, me
reencontré con mi hermana Grúpiti Gru, que trabajaba para una inmobiliaria
–Quality- y me dijo lo mismo que Saber:
- Trabaja conmigo, ve y
toca puertas y logra que la gente te permita vender su casa en exclusiva, inspiras
mucha confianza, yo creo que te podría ir muy bien.
Pero como yo soy un
burro, necio, sordo y orejón no le hice caso a mi hermana y llevé mi cuerpecito
y mi vida por otros lares; que fueron muchos, en donde hice mil cosas
distintas para ganarme la vida, entre las cuales creé, desarrollé y ejecuté un
muy amoroso programa de comprensión lectora y talleres literarios dirigido a
los estudiantes de más bajo aprovechamiento escolar y calificaciones reprobatorias
llamado “Neza 2012”-del cual hay información en youtube- salvando el año
escolar de todos y cada uno de los niños de primaria y secundaria que
participaron en él.
Tercera llamada
A finales del año pasado
habiendo trascurrido solamente 14 años (yo soy lenta pero segura) y con El Jefe
como best brodi, por fin me cayó el veinte –que para entonces se había
convertido en centenario- de que yo podía hacerla muy gacha si me dedicaba a la
venta de bienes raíces y decidida (¡vaya!) y encomendada al Chido Number One, me puse a
gogglear inmobiliarias cerca de mi casa para mandar mi currículum y pedir una
oportunidad de trabajo.
Encontré cabida, de puro suertuda que soy, en mi
primera opción. Una amistosa, cálida e innovadora inmobiliaria en donde me entrenaron con profesionalismo
y esmero y me dieron un lugar como parte de su fuerza de ventas; y donde me puse a chambear duro, con muy buenos resultados.
Hace poco, fui a mostrar un depa a
una Unidad Habitacional en Xochimilco, lugar al que yo llegué antes porque no
lo conocía. Y que de entrada… a mí no me gustó; así que después de clasificarlo en mi
mente como “guácala” y ponerle mil peros al fuchi-departamento, me puse a
esperar a mi cliente, segura de que estaba perdiendo mi tiempo y de que a nadie
le podía gustar un sitio así.
Lupita (mi cliente) llegó
puntual a la cita conmigo y yo le presenté mi depa en tres patadas entre otras
cosas porque era muy pequeñito.
Para sorpresa mía, ella
me habló con un inmenso entusiasmo y los ojos llenos de ilusión, de lo bien
comunicado que estaba y de que a pesar de que necesitaba una manita de gato (o
las cuatro patas de un brontosaurio según yo) si le interesaba mucho.
Quedé de llamarle a la semana siguiente para saber su decisión después de permitirle platicarlo con su familia y hacer números.
Quedé de llamarle a la semana siguiente para saber su decisión después de permitirle platicarlo con su familia y hacer números.
Al despedirme de
Lupe, me quedé pensando en la inmensa falta que me hace tener más humildad y
ponerme en los zapatos de los demás; en lo bien que me haría salirme de mi ego
regordete y botijón y en lo bueno que sería para mí, no juzgar nada de lo veo a
través de mi mirada sesgada y completamente limitada y le agradecí
profundamente al Chido Number One, su inmensa paciencia para conmigo, al
mostrarme el camino a seguir en más de una ocasión y permitirme trabajar en un sitio privilegiado y
estar cerca de personas que generan una energía tan hermosa y tan poderosa al
comprar o vender sus bienes inmuebles; pues para los primeros, es un inmenso
logro de vida y para los segundos, es un cambio muy importante hacia nuevos
proyectos que construirán en un futuro llenos de esperanza.
Aún estoy en pláticas con
Lupita para ver si se queda con el departamentito o no, pero decida lo que
decida, jamás podré agradecerle lo suficiente lo que me enseñó de una manera
tan clara: A ponerme en el lugar de los otros.
Si logro llevar esta
enseñanza a mis padres, a mis hermanos y hermanas, a mis amigos y amigas; a mis
compañeros de trabajo y a todos aquellos con los que me cruzo en mi día a día,
estoy segura de que este 2018 será un año, no solamente inolvidable, sino del
todo memorable.
Gracias Jefe, por ser tan
chido conmigo, por no soltarme y repetirme:-Yo creo
en ti- de todas las maneras que mi corto entendimiento me permite asimilar.
Glosario:
Cortando
rábanos. Dando el roll.
Mega chicles.
Chulo de bonito.
Chiflados.
Del latín Ad Ovum.
Cuija. Lagartija blanca y descolorida, atemorizante para muchos pero completamente
inofensiva.
Mesmamente. Igualititito.
Mesmamente. Igualititito.
Cantón.
Cueva, jaula, casa pues.
Gomita.
Azucarada bolita que acompaña a mi boca y ojos hechos todos del mismo delicioso material.
Centenario. Moneda de cambio, grandecita, pesadita y valosita.
Centenario. Moneda de cambio, grandecita, pesadita y valosita.
Hacerla muy
gacha. Tronar mis chicharrones. Lograrlo.
Tres patadas. Más rápido que pronto.
Tres patadas. Más rápido que pronto.
Chido Number
One. El Chipocles de Chipocles. El único, único Jefe.
Chambear. A
darle que es mole de olla.
Guácala.
Mega fuchi de perro muy muerto. Asco. Biaj.
Fuchi-departamento.
Horroriminihouse.
Botijón.
Rechonchito, gordinflón.
Musicografía
Like a prayer Madonna subtitulado al español
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