Yo he hecho muchísimas cosas a lo largo de los años para ganarme la vida porque siempre he mantenido la muy arrojada actitud de no temerle a los cambios, porque me tomó todos los años que tardé en decidirme a escribir mi primer libro encontrar mi verdadera vocación (libro que por cierto ahora sí ya, de verás de verás de veritas, ya merito subo al blog) y porque tratándose de trabajo, yo nunca digo que no, esgrimiendo con orgullo, mi flamante título de Che. Pe. Te. (Chingona Pa Todo)
De entre todas las cosas que llegué a ser y que no me gustaban, pero que fui e hice lo mejor que pude, I confess…. fui tira….sí realmente lo era.
Chamba es chamba y yo no tenía, y una administración de La Policia Fiscal Federal, con la que me topé por azahares del destino, buscaba a un equipo de trabajo que cambiara la nefasta imagen del aduanero panzón y tranza que nos es tan familiar, por otra mucho más amable, por lo menos para el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Para este fin, cientos de pegotes fueron dejados por varios meses, en las Facultades de Derecho de la Universidades privadas más nice de Mexicalpan de las Tunas Frescas, con la intención de interesar a estudiantes políglotas y “no nacos” a participar en este proyecto, ofreciendo a cambio de su exclusiva presencia, un buen sueldo y un trabajo divertido con valor curricular.
Yo me colé porque A le dijo a B que me dijo a mí que fui a poner mi cara de mensa, porque cuando quiero pus hasta caigo bien y porque hablo inglés, italiano algo de francés y de hacerse necesario, domino con destreza, el idioma de la “efe ” si ajá el de la “ efe”: hofo-lafa ¿¿¿cófo-mofo esfes-tafas???
Debo reconocer que el trabajo si era muy divertido, y que gracias a él conocí a mucha gente entrañable, pero la chamba también contenía sendas jodas en las que había que velar toda la noche recibiendo vuelos provenientes de Tijuana a las 3 de la mañana –con todo y sus cientos de pasajeros jalando inmensas cajas de cartón como equipaje y la obligación de mantenerse de pie por horas y horas junto a un semáforo fiscal y sin sillas a la vista-.
De estos años tengo muchas anécdotas y algunas ya se las he contado…
Como aquella en la que junto a mi semáforo fiscal y en el mismo trágico día en que me descubrí una várice en mi muslo derecho –que por cierto sigue ahí mismo, riéndose de mí, la muy maldita- y al mismo tiempo en que yo le reclamaba mi horrible suerte a los cielos, Gabo García Márquez, se me apareció en frente mientras yo leía “Cien Años de Soledad” y me autografió mi libro. – ¡Oh santa várice bienaventurada!-
Pero la que hoy voy a contarles, además de la de Gabo, es de mis favoritas de entonces…
Todo comenzó en una tarde atareada en la que se me apareció en frente Marta Sánchez.
Si ajá, Marta Sánchez la ex Olé- Olé, que intentaba como todos ahí, ingresar a mi país.
Como cayó en mi semáforo, yo la abordé y le pedí su declaración aduanal, y le pregunté si tenía algo que declarar…y ella se detuvo en frente mío y miró hacia el firmamento, optando por su mejor perfil ¾ mientras guardaba silencio.
Medio segundo después, apareció detrás suyo un sopenco que venía jalando dos carritos repletos de maletas a quien ella miró sonriente y quien puso en mi manita dos declaraciones aduanales –la de él y la de ella-
Yo le repetí a Martita la misma preguntita:
-¿Tiene usted algo que declarar?
-Y ella entonces, volteó con coquetería a ver a Don Sopenco, quien le preguntó con tacto:
-¿Algo que declarar?
Ella le respondió que no y entonces el me miró tranquilo y me dijo:
-La señorita Sánchez no tiene nada que declarar.
Yo analicé las declaraciones que se me dieron y le devolví a él la suya, mantuve en mi manita la de Martita y le pedí a ella que me indicara cuál era su equipaje y que tocara el semáforo fiscal.
Marta me ignoró por completo hasta que Sopenco me indicó que las cinco maletas tamaño jumbo que él arrastraba, eran todas de Marta y le pidió a ella con comedimiento que por favor tocara el semáforo… y Martita lo hizo.
Para desgracia suya… el semáforo cayó en rojo.
A mí me tomó medio segundo implementar y sacarme de la manga el operativo: “Chistera de Mago”, que por supuesto consistió en aconclapacherme con cuanto compañero había en semáforos vecinos, al mismo tiempo en que, uno de los nuestros iba hasta la oficinita en donde nos escurríamos todos a descansar, para traerse a todos aquellos que andaban por ahí perdiendo el tiempo, para que substituyeran a los primeros en su semáforo y entre todos abrimos y revisamos todo. Y con todo me refiero a TODO:
Deshicimos sus pares de calcetines, sacamos y extendimos su ropa interior, todo el contenido de sus bolsitas de maquillaje, sus barnices, sus cosas de tocador, sus medias…todo lo contenido en cinco inmensas maletas fue revisado por nosotros y dejado sobre la banda.
Cuando –en el muy celoso cumplimiento de nuestro deber- nos cercioramos de que efectivamente la señorita Sánchez no tenía nada que declarar, yo desaparecí a todo el mundo de mis alrededores y cuando todos lograron reintegrarse a sus respectivos lugares…a seguirse haciendo mensos…
-Me le acerqué a Martita con mi mejor carita de yo no fui y con mi más dulce vocecita le dije:
-Todo está correcto señorita, guárdelo por favor y bienvenida a México.
Desesperada –¿¿¿La verdad???!- yo si vi a esta babosa, tanto, que me volteó a ver a mí, que antes le había resultado transparente y mirándome con ojos de pistola me escupió un:
-¡Gradzcias! Cargado de ironía.
Don Sopenco fue corriendo de inmediato a nuestra oficinita a buscar al encargado de la sala, quien salió a ver que pasaba y me encontró solita y mi alma con mi mejor sonrisita de Monalisa y mis mejores ojitos pispiretos de Piolín.
Yo no iba a guardar un klenneks de Martita Sánchez en ningún lado, así me corrieran ese día y me levantaran un acta administrativa y el encargado, que leyó eso en mi mirada y actitud, le explicó al majo de Don Sopenco que las leyes de mi país obligan al Oficial Aduanal a revisar el equipaje del pasajero pero no a guardarlo–lo cual es cierto-.
A Martita y a su fiel escudero tarolas, les tomó un ratote guardar todo su mugrero y desaparecer de ahí no sin antes verme varias veces –ambos- con enojo e impotencia.
Ese día a Martita le quedaron claras varias cosas.
1. Para Sánchez pues yo mera.
2. Para tangos los míos.
3. Para actitudes de Diosa Arrodillada, todas las que yo le copié a la Felix y que afloran cuando las circunstancias me lo exigen y de apantallar se trata.
4. Y la última y más importante:
5. “Aquí, en mi país, lo Cortés nunca quita lo Cuauhtémoc”.
¡Juar juar!
Angie
Tira Confesa
Desesperada Marta Sánchez