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lunes, 7 de julio de 2014

Los Cuentos del Batallón Perdido


Hace unos días en la estación del metro Chabacano, me topé de frente con lo que me pareció, en primera instancia, era  una venta de separadores para libros.

Como en el metro todo cuesta 5 ó 10 pesos, me acerqué contenta y convencida de que podría comprar uno para mí y escogerlo a mi gusto.

Al leer los letreros de la venta con más detenimiento, me di cuenta de que en realidad se trataba  de cuentos cortos -de no más de una cuartilla- con moraleja incluida.

Los cuentos estaban elaborados en  el  formato de separadores de libros, lo cual no solamente los hacía atractivos sino también útiles.

-¡Genial!, pensé. Yo quiero uno.

Me acerqué y le pregunté a un vendedor, que traía puesta una camiseta con la leyenda  “Los Cuentos del Batallón Perdido”, si los había leído y lo miré con la carita más inquisitiva que encontré en mi repertorio.

Él se sonrió conmigo al responderme:

-Yo los escribí.

- ¿A sí?, dije yo, ¿y cuál te gusta más?

 Lleno de paciencia me respondió:

-“Un tiempo en algún lugar”.

Me decidí por ese, lo pagué y lo llevé conmigo.

Pasos adelante me di cuenta de que acababa de hablar con el autor de mi cuento nuevo  y decidí volver sobre mis pasos para pedirle su autógrafo.

Jorge me dedicó de buena gana mi librito de a 10 bolas, lo firmó como “Los Hermanos Torres”  y yo me marché satisfecha con mi nueva adquisición.

Al verlo, hojearlo y leer:

“En un remoto lugar, una preciosa brújula lloraba por ya no sentirse útil pues alguien la había abandonado.

En ese momento se le acercó un reloj, quien por ir absorto en contar el tiempo perdió el rumbo del camino…”

Me gustó mucho y me sentí  feliz con mi libro-separador que no solamente contenía una linda historia, sino que además, estaba ilustrado con dibujos simples y bonitos y que por si fuera poco, se ocupaba de mantener  el libro que estaba yo leyendo, en la página exacta de mi interés y lectura.

Una semana después volví a ver a los hermanos Torres vendiendo sus historias en el Metro, en la misma estación y en el mismo lugar.

Esta vez me acerqué curiosa a preguntar: ¿cómo lo lograron?

Adrián -el  otro Torres-me contó que tenían 2 años trabajando en el metro, editando ellos su material y batallando por fondos, hasta que hace un año y medio, se enteraron de que la Fundación Cultural de trabajadores de Pascual y del arte A. C., apoyaba artistas y obras de teatro, imprimiéndoles su propaganda y carteles. 

Entusiasmados ante la posibilidad de un respaldo tan importante para difundir su obra, los Torres se decidieron a acercarse a Pascual para pedirle que imprimiera sus cuentos. 

Seis largos meses pasaron antes de que la Fundación se decidiera a apoyarlos… pero finalmente lo hizo.

Atrás quedaron  los tiempos en que se quedaban sin dinero para comprar papel o tinta. Ahora incluso pueden obsequiar un boing en la compra de uno de sus libros y su editorial trabaja en números negros.

Sin bajar la guardia, los hermanos Torres ganan la batalla todos los días y logran,  lo que cualquier escritor quiere…ser leídos, conocidos y quedar atesorados entre las páginas amorosas de otros tantos libros que arropan dentro de sí…a los cuentos del batallón perdido.

Facebook: cuentos del batallón perdido.
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