Hace unos días en la
estación del metro Chabacano, me topé de frente con lo que me pareció, en
primera instancia, era una venta de
separadores para libros.
Como en el metro todo cuesta
5 ó 10 pesos, me acerqué contenta y convencida de que podría comprar uno para
mí y escogerlo a mi gusto.
Al leer los letreros de la
venta con más detenimiento, me di cuenta de que en realidad se trataba de cuentos cortos -de no más de una
cuartilla- con moraleja incluida.
Los cuentos estaban elaborados
en el formato de separadores de libros, lo cual no
solamente los hacía atractivos sino también útiles.
-¡Genial!, pensé. Yo quiero
uno.
Me acerqué y le pregunté a
un vendedor, que traía puesta una camiseta con la leyenda “Los Cuentos del Batallón Perdido”, si los
había leído y lo miré con la carita más inquisitiva que encontré en mi
repertorio.
Él se sonrió conmigo al
responderme:
-Yo los escribí.
- ¿A sí?, dije yo, ¿y cuál
te gusta más?
Lleno de paciencia me respondió:
-“Un tiempo en algún lugar”.
Me decidí por ese, lo pagué
y lo llevé conmigo.
Pasos adelante me di cuenta
de que acababa de hablar con el autor de mi cuento nuevo y decidí volver sobre mis pasos para pedirle
su autógrafo.
Jorge me dedicó de buena
gana mi librito de a 10 bolas, lo firmó como “Los Hermanos Torres” y yo me marché satisfecha con mi nueva
adquisición.
Al verlo, hojearlo y leer:
“En un remoto lugar, una
preciosa brújula lloraba por ya no sentirse útil pues alguien la había
abandonado.
En ese momento se le acercó
un reloj, quien por ir absorto en contar el tiempo perdió el rumbo del camino…”
Me gustó mucho y me
sentí feliz con mi libro-separador que
no solamente contenía una linda historia, sino que además, estaba ilustrado con
dibujos simples y bonitos y que por si fuera poco, se ocupaba de mantener el libro que estaba yo leyendo, en la página
exacta de mi interés y lectura.
Una semana después volví a
ver a los hermanos Torres vendiendo sus historias en el Metro, en la misma estación y en el mismo lugar.
Esta vez me acerqué curiosa
a preguntar: ¿cómo lo lograron?
Adrián -el otro Torres-me contó que tenían 2 años
trabajando en el metro, editando ellos su material y batallando por fondos,
hasta que hace un año y medio, se enteraron de que la Fundación Cultural de trabajadores
de Pascual y del arte A. C., apoyaba artistas y obras de teatro, imprimiéndoles
su propaganda y carteles.
Entusiasmados ante la posibilidad de un respaldo tan importante para difundir su obra, los Torres se decidieron a acercarse a Pascual para pedirle que imprimiera sus cuentos.
Seis largos meses pasaron antes de que la Fundación se decidiera a apoyarlos… pero finalmente lo hizo.
Entusiasmados ante la posibilidad de un respaldo tan importante para difundir su obra, los Torres se decidieron a acercarse a Pascual para pedirle que imprimiera sus cuentos.
Seis largos meses pasaron antes de que la Fundación se decidiera a apoyarlos… pero finalmente lo hizo.
Atrás quedaron los tiempos en que se quedaban sin dinero
para comprar papel o tinta. Ahora incluso pueden obsequiar un boing en la
compra de uno de sus libros y su editorial trabaja en números negros.
Sin bajar la guardia, los
hermanos Torres ganan la batalla todos los días y logran, lo que cualquier escritor quiere…ser leídos,
conocidos y quedar atesorados entre las páginas amorosas de otros tantos libros
que arropan dentro de sí…a los cuentos del batallón perdido.
Facebook: cuentos del
batallón perdido.
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