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domingo, 12 de abril de 2015

Aquí y Ahora

Satisfecha.... me he dado cuenta de que he podido aprender a vivir mis días cómo si cada uno fuera el último, pero permitiéndome, al mismo tiempo, planear con un cuidado exquisito...un futuro que no sé si llegará,  animada por una de las frases de Frida Kahlo, que me repito constantemente cada que me resulta necesario:

-“¡Pies para que los quiero si tengo alas para volar!”

De entre estos,  mis muy elaborados  y mejorados planes para dominar al Mundo,  estaba mandarles este ensayo que me encontré “hasta atrás” de un ejemplar del  Día 7, en un domingo cualquiera...

¡Así que ahí va!

Un  texto de Mauricio Cabrera que espero les guste y les diga tanto como en su momento me dijo a mí.

Angie


La única vida es la eterna, pero no tengo recetas para alcanzarla”, decía Henry Miller.

Se impone nuestra mortalidad, nuestra finitud. Si consideramos nuestra propia existencia como un milagro, como un accidente o como una maldición, de todas formas debemos vivirla hasta donde se pueda y como se pueda. No importa el breve lapso, el abrir y cerrar de ojos, la condena de nacer y  morir de todos los seres que han sido arrojados al mundo, la única opción posible es que hay que vivir hasta morir.

¿Cómo? Esa es la cuestión, “Y es que se puede vivir de muchos modos, pero hay modos que no dejan vivir”. Como bien lo ha escrito Fernando Savater.

¿Cómo entonces?

Lo siguiente se le atribuye a Borges:

“Si pudiera vivir nuevamente mi vida, / en la próxima, trataría de cometer más errores,/ No intentaría ser perfecto, me relajaría más…”

Lo dice un hombre de 85 años, al que se le escapa la vida. El tiempo se le ha ido y ya no puede modificar su existencia. Añora lo que dejó de hacer. Se lamenta, pues, de no ser más joven, “correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría / más amaneceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. / Iría a más lugares donde nunca he ido, / comería más helado y menos habas, / tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Dice Buda que el problema consiste en pensar que nos sobra tiempo. Pero un día ese tiempo se acaba y nos alcanza la muerte.

Si llegas a viejo, llegará el momento en que te sorprenderás de las arrugas, del frío intenso en los huesos, de sentirte joven en un cuerpo de anciano, de no ver bien y de tropezarte con todo. Ya no podrás hacer lo que antes hacías. Te reprocharás no haber vivido más, si todo –a pesar de tantos años  sobre tu espalda- se reduce a un guiño, a un corto y único instante sobre la tierra.

Si eres joven y el cáncer te asola o te cae un piano encima o te mata un asaltante para quitarte dos pesos, la sensación será la misma. Lo que hice y lo que no. El tiempo que malgasté. El tiempo perdido que no regresa.

Afirma (presuntamente) Borges. “Yo era de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas”.
¿Y tú?
Recuerda que no atreverse es perderse lo que pudo haber sido.

Finalmente lo tuyo es vivir, De la muerte que se ocupen los muertos. Vive tu vida. Hazlo de manera intensa, más que sensata. Gozosa más que higiénica. Sal a la intemperie. No temas caerte. Sé más atento y a la vez más distraído. Prueba uno que otro vicio y abandónalo. No renuncies a la idea del mal pero no tengas en la mente el pecado. No dañes. No confíes en quien te dice que la vida está en otra parte. Explora. Atrévete a fallar porque hiciste, no porque dejaste de hacer.

Di, como Cavafis: “Recuerda, cuerpo, cuánto te amaron”. Como Borges: “Gracias por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio”. Que tus ojos se llenen de mundo. Que tu boca diga lo que hay que decir. Disfruta del helado y de las habas, de la acción y la contemplación, del jardín y del páramo, de lo sublime y lo vulgar, de lo infinito de la noche y de la algarabía terca del amor. Repite ese otro exacto verso del poeta ciego: “Convencidos de caducidad/ por tantas nobles certidumbres del polvo”, y piensa en tu lápida o en tu ceniza, pero sólo para apurar tu gusto por los placeres del mundo, para recordarte que un día ya no habrá luz, tiempo, problemas, amaneceres, sueños, dolores, sed, navidades, y entonces desperezarte, y entonces avívate. Sé  curioso. Rodéate de la bondad y la  belleza aunque nunca sean suficientes.  Invéntate una filosofía que atraviese el misterio y absurdo de la vida. Y cuídate, que no hay reemplazo; con todo lo bueno o lo malo, con toda su desdicha o felicidad, esa existencia es la única que tienes.

Musicografía
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