Contenido

miércoles, 11 de noviembre de 2015

No están todos los que son

En septiembre del año pasado, suertuda como soy, estrené chamba tras haberla buscado durante el larguísimo lapso de una semana completa  y, sintiéndome Miss “todo me sale de churro 2014”, recorría entusiasmada, todos los días, nada más y nada menos que 3 horas diarias para llegar hasta mi trabajo, y otras tres, no más y no menos para volver a mi casa… también todos los días…en calidad de un muy, muy afortunado  bulto.

Mantenía mi buen ánimo, abrazando en mi mente la promesa patronal de que mi recorrido suicida duraría 3 meses solamente, después de los cuales, trabajaría mucho más cerca de mi jaula porque mis oficinas serían reubicadas a una zona mucho más conveniente para mí.

Durante mis ires y venires trataba–sin mucho éxito por cierto- de visualizarme haciendo carrera en la flamante compañía que se había interesado en mis servicios y, aunque no lo lograba, agradecía lo mejor que podía la oportunidad y hacía mis labores con gusto y con  esmero.

Una noche de otras muchas, volviendo a casa, descubrí en las manos de una viajera del metro, un libro con un nombre por demás soberbio y poderoso y, de inmediato, sentí la necesidad de leerlo.

Me confieso material difícil para los libros,  que son, el mayor de mis delirios; porque por lo general,  lo que le gusta a la mayoría, a mí no me late un cacahuate, y en cambio, aquello que atrapa mi interés, gusto y atención, tiendo a atesorarlo y a leerlo invariablemente más de una vez, llegando en muchas ocasiones a recitar de memoria páginas enteras a base de tanto repetir lecturas.

Iba cansada, pero al llegar a mi cueva le conté a mi hermana Norma Celia sobre mi encuentro fugaz con tan inmensas palabras y le compartí mis ganas locas de leer el libro que las contenía en su portada.

Mis ganas, que en realidad eran  muchas, se diluyeron, un par de meses después, entre mi creciente carga de trabajo, mi esfuerzo extra por hacerlo bien y mis agotadores recorridos para ir y volver a mi nido diariamente.

Luego, llegó Navidad y Santa, que es mi panzón favorito, trajo para mí en su costal “Dios Nunca Parpadea” de Regina Brett con todo y un moño rosa y yo más que  feliz, en lugar de leerlo, me lo bebí de un jalón.

Gracias a esa lectura y a sus historias entrañables, volví a acariciar tiernamente el sueño de publicar mis crónicas, cuentos y babosadas varias;  y volví también a mover las patitas y las manitas para lograrlo y esta vez, casi me salgo con la mía ¡Santos pelitos de rana Batman! Pero… aunque finalmente no lo logré…sigo intentándolo.

También como consecuencia de ese libro bendito,  volví a retomar mis borradores y comencé a echar pluma con gusto nuevamente.

“Un escritor es alguien que escribe. Si quieres ser escritor, escribe.” Leí entre las páginas de “Dios nunca parpadea”

Por si eso fuera poco, tomé valor, fuerza y empuje para presentarle mi programa de comprensión lectora y talleres literarios “México ¿Qué puedo hacer por ti?” a CONACULTA a mediados del siguiente enero.  

Le respuesta que recibí por parte de ellos fue la mejor: ¡Nos encanta!, ¡es lo máximo!, ¡es lo mejor!, ¡lo nunca antes visto! ¡Lo jamás igualado! Y también fue la peor: no podemos pagarlo.

Pero, una vez encarrerada por la saga del motivador impulso de una lectura tan grata, sigo buscando puertas, mecanismos y caminos que me lleven al: ¿¡Cómo sí!? Con mi Modelo de Educación Integral y, avanzo, a pasito de tortuga, bueno de a pellizquito de pulguita chiquitita por neciecita…. pero avanzo y avanzo y  no me doy por vencida.

Además, no camino sola con mi maravilloso programa bajo el brazo…. mi parientita y , cuataneta del alma, Patito Mojón y Mojado, me acompaña, y cuida, con devoción exquisita, que mi paso siga abriendo brecha, para lograr ayudar a todos los niños de México que tanto lo necesitan porque por más que lo intentan, no entienden nada de lo que leen y nomás no pueden con la escuela.

Así, me encontró abril del 2015, yendo todos los días con gran gusto a chambear, gracias, sobre todo, a  la amistad de mi entonces compañera de oficina, Norma Camargo, con quien pasaba el tiempo botada de risa con chistes privados de lo más divertido y variado  y  carcajadas sonoras para las cuales yo me pinto más que sola.

La distancia de mi casa a la oficina y viceversa, se había reducido a la mitad y en muchas ocasiones, a mucho menos que eso, debido a que mi querida nueva amiga y compañera Norma –Tocayita de mi amada hermana Norma Celia- pasaba por mí en su coche en las mañanas prácticamente hasta las puertas de la casa  y me traía, con gran frecuencia, de regreso por las noches hasta ese mismo punto.

Entonces, cuando comenzaba confiada a acurrucarme en una zona de confort muy placentera, que creía yo, era también merecida… ¡Cuas!, me corrieron del trabajo gracias a que mi insipiente amistad con la jefa de mi jefa, mi cuais Normita Camargo, había despertado los celos, la incomodidad y la envidia de mi jefecita directa,  quien no dudó en utilizar su muy enano pero efectivo micro mezquino poder para ponerme de patitas en la calle.

Para esas fechas abril llegaba a los calendarios.

Tomé ese cambio lo mejor que pude y una vez pasado el susto, quisieron las circunstancias que  15 días después, yo tocara la puerta de un mucho mejor trabajo ¡Arroz!

Uno con un sueldo decoroso y que yo podría realizar desde la comodidad de mi casa, uno con posibilidades –y ánimo y disposición de mi parte- para crecer en él y cimentar una carrera exitosa haciendo cosas que me divierten; rodeada de gente amable, entrañable y positiva y, lo mejor de todo, sin liliputienses malvados o recelosos a babor o a estribor.

Atrás quedaron los viajes de mosca en el pesero de las 6 de la mañana y las regresadas nocturnas con la lengua de fuera.

Por fin tenía tiempo para mí…tanto, que me sentía como nenita en dulcería…y no sabía qué hacer con el tantas veces añorado tiempo para diseñar nuevos y elaborados planes para gobernar al mundo.

Quiso una casualidad que aprendiera también por esos días, el arte de mandar y recibir audios vía whatsApp, ciberconocimiento privilegiado que decidí utilizar, para compartir con mis brothers y sis , crónicas bobaliconas de mis pensares y haceres y  lecturas de mi agrado.

Una noche whatsAppenado con un bro sobre el niño que todos llevamos dentro, yo, que soy un cuento con patas, compartí con mis amigos porque quise, porque pude y porque además me dio mi gana, del libro de Guillermo Murray y Beatriz Donnet “Palabras Mágicas” Los derechos de los niños a escuchar cuentos:

1.       Todo niño, sin distinción de raza, idioma o religión, tiene derecho a escuchar los más hermosos cuentos de la tradición oral de los pueblos, especialmente aquellos que estimulen su imaginación y su capacidad crítica.

2.         Todo niño tiene derecho a exigir que sus padres le cuenten cuentos a cualquier hora del día. Aquellos padres que sean sorprendidos negándose a contar un cuento a un niño, no sólo incurren en un grave delito de omisión culposa, sino que se están auto-condenando a que su hijo jamás les vuela a pedir otro cuento.

3.       Todo niño que por alguna u otra razón no tenga a nadie que le cuente cuentos, tiene absoluto derecho a pedirle al adulto de su preferencia que se los cuente, siempre y cuando éste demuestre que lo que hace con amor y ternura, que es como se cuentan los cuentos.

4.       Todo niño tiene derecho a escuchar cuentos sentado en las rodillas de sus abuelos. Aquellos niños que tengan vivos a sus cuatro abuelos podrán cederlos a otros niños que por diversas razones no tengan abuelos que les cuenten. Del mismo modo, aquellos abuelos que carezcan de nietos están en libertad de acudir a escuelas, parques, y otros lugares de concentración infantil en donde, con entera libertad, podrán contar cuantos cuentos quieran.

5.       Todo niño está en el derecho de saber quiénes fueron José Martí, Hans Christian Andersen y Aquiles Nazoa, las personas adultas están en la obligación de poner al alcance de los niños todos los libros, cuentos y poesía de estos tres autores.

6.       Todo niño goza del derecho de conocer las fábulas, mitos y leyendas de la tradición oral de su país, así como de toda aquella literatura creada por los pueblos latinoamericanos y del resto del mundo.

7.       El niño también tiene derecho a inventar y a contar sus propios cuentos, así como a modificar los ya existentes creando su propia versión. En aquellos casos de niños muy influenciados por la televisión, sus padres están  en la obligación de descontaminarlos conduciéndolos por los caminos de la imaginación, de la mano de un buen libro de cuentos infantiles.

8.       El niño tiene derecho a exigir cuentos nuevos. Los adultos están en la obligación de nutrirse permanentemente de nuevos e imaginativos relatos, propios o no, con o sin reyes, largos o cortos, lo único obligatorio es que éstos sean hermosos e interesantes.

9.       El niño siempre tiene derecho a pedir otro cuento y a pedir que le cuenten un millón de veces el mismo cuento.

10.   Todo niño, por último, tiene derecho a crecer acompañado de las aventuras de Tío Tigre y tío Conejo, de aquel caballo que era bien bonito, de la barba del Viejo Lucho, del colorín colorado de los cuentos y del inmortal Había una vez…palabras mágicas que abren las puertas de la imaginación en la ruta hacia los sueños más hermosos de la niñez


A mis cuates pareció gustarles y entonces, a mí me vino a la chompeira la idea iluminada de leerle en voz alta, cariñosa y dulcemente al nenito y nenita que mis amigos y amigas llevan muy dentro de sí.

Elegí para leer y releer con ellos y ellas “Dios nunca parpadea” y noche tras noche, de lunes a viernes, durante casi 4 meses, grabé un capítulo del libro y lo dejé en el servidor del whatsapp de mi cuatitud a manera de besito de buenas noches.

Mayo llegó y me pareció un buen pretexto para regalarle a mi mamá una foto de su mamá ,Doña Angelita, que mi primo Jaime me hizo llegar tiempo atrás.

Aconsejada por la mugre más mugrosa de mi muy mugrienta uña, además de la foto de abuelita llevé hasta el corazón mi madre querida, la lectura en voz alta de la lección 45 de “Dios Nunca Parpadea”  “Lo mejor está por venir” que trata del reencuentro y reconciliación de la protagonista con su propia madre.

Para Cuando terminé de leerle a mi mami, ella estaba llorando emocionada y conmovida y me miró con ojos niños para decirme:

-Creo que aún estoy a tiempo de acércame a ustedes ¿verdad?

Yo asentí con una sonrisa de mazorca milpareal y desde entonces hemos podido acercarnos más de lo que nunca estuvimos como madre, como hijas y como familia.

Nadie ganó más que yo con esta segunda lectura compartida de “Dios Nunca Parpadea”, ya que para mí, Dios, no es un credo a seguir sino el motor único de mi vida.

En mi lista whatsAppera de predilectos y predilectas, por supuesto no están todos los que son,  porque hay muchos a quienes recuerdo a menudo con cariño, aunque no tengamos por el momento comunicación por celular o por whats, pero,  definitivamente… si son todos los que están, mis amados, mis únicos niños perdidos y completamente encontrados de la Tierra Maravillosa de Nunca Jamás.

Ahora ya en noviembre, me encuentro terminando un año que me deja con un gran sabor de boca y mucho más que convencida de que tal como sentencia en su libro Regina Brett,..lo mejor…está por venir.

Que la mejor versión de sí mismos salga a su encuentro y los abrace a todos y todas con alegría desbordada.

“Señor hazme instrumento de tu paz;
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya desesperación,
ponga yo esperanza,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Haz que busque:
consolar, no ser consolado,
compadecer, no ser compadecido,
amar, no ser amado.
Porque es olvidándose,
como uno encuentra;
es perdonando, como uno es perdonado;
es dando, como uno recibe;
es muriendo, como uno resucita a la vida.

Cada mañana utilizo esta oración como mi brújula. Apunta al Norte Verdadero. Humildad real. Paz verdadera. Soy simplemente un hijo de Dios, tan valioso y atesorado como cualquier otro hijo de Dios. No el mejor, no el peor, y para nada importa lo que los demás piensen de mí.” ·Dios Nunca Parpadea” p.p. 158


Gracias Regina.

Musicografía
Haz clic para desplegar la liga