En septiembre del año pasado,
suertuda como soy, estrené chamba tras haberla buscado durante el larguísimo
lapso de una semana completa y, sintiéndome
Miss “todo me sale de churro 2014”, recorría entusiasmada, todos los días, nada
más y nada menos que 3 horas diarias para llegar hasta mi trabajo, y otras
tres, no más y no menos para volver a mi casa… también todos los días…en calidad
de un muy, muy afortunado bulto.
Mantenía mi buen ánimo, abrazando
en mi mente la promesa patronal de que mi recorrido suicida duraría 3 meses solamente,
después de los cuales, trabajaría mucho más cerca de mi jaula porque mis
oficinas serían reubicadas a una zona mucho más conveniente para mí.
Durante mis ires y venires trataba–sin
mucho éxito por cierto- de visualizarme haciendo carrera en la flamante compañía
que se había interesado en mis servicios y, aunque no lo lograba, agradecía lo
mejor que podía la oportunidad y hacía mis labores con gusto y con esmero.
Una noche de otras muchas,
volviendo a casa, descubrí en las manos de una viajera del metro, un libro con
un nombre por demás soberbio y poderoso y, de inmediato, sentí la necesidad de
leerlo.
Me confieso material difícil para
los libros, que son, el mayor de mis
delirios; porque por lo general, lo que
le gusta a la mayoría, a mí no me late un cacahuate, y en cambio, aquello que
atrapa mi interés, gusto y atención, tiendo a atesorarlo y a leerlo invariablemente
más de una vez, llegando en muchas ocasiones a recitar de memoria páginas
enteras a base de tanto repetir lecturas.
Iba cansada, pero al llegar a mi
cueva le conté a mi hermana Norma Celia sobre mi encuentro fugaz con tan
inmensas palabras y le compartí mis ganas locas de leer el libro que las
contenía en su portada.
Mis ganas, que en realidad eran muchas, se diluyeron, un par de meses después,
entre mi creciente carga de trabajo, mi esfuerzo extra por hacerlo bien y mis
agotadores recorridos para ir y volver a mi nido diariamente.
Luego, llegó Navidad y Santa, que
es mi panzón favorito, trajo para mí en su costal “Dios Nunca Parpadea” de
Regina Brett con todo y un moño rosa y yo más que feliz, en lugar de leerlo, me lo bebí de un
jalón.
Gracias a esa lectura y a sus
historias entrañables, volví a acariciar tiernamente el sueño de publicar mis
crónicas, cuentos y babosadas varias; y
volví también a mover las patitas y las manitas para lograrlo y esta vez, casi
me salgo con la mía ¡Santos pelitos de rana Batman! Pero… aunque finalmente no
lo logré…sigo intentándolo.
También como consecuencia de ese
libro bendito, volví a retomar mis borradores y comencé a echar pluma con gusto nuevamente.
“Un escritor es alguien que
escribe. Si quieres ser escritor, escribe.” Leí entre las páginas de “Dios
nunca parpadea”
Por si eso fuera poco, tomé
valor, fuerza y empuje para presentarle mi programa de comprensión lectora y
talleres literarios “México ¿Qué puedo hacer por ti?” a CONACULTA a mediados del siguiente enero.
Le respuesta que recibí por parte de ellos fue la
mejor: ¡Nos encanta!, ¡es lo máximo!, ¡es lo mejor!, ¡lo nunca antes visto! ¡Lo
jamás igualado! Y también fue la peor: no podemos pagarlo.
Pero, una vez encarrerada por la
saga del motivador impulso de una lectura tan grata, sigo buscando puertas,
mecanismos y caminos que me lleven al: ¿¡Cómo sí!? Con mi Modelo de Educación Integral
y, avanzo, a pasito de tortuga, bueno de a pellizquito de pulguita chiquitita
por neciecita…. pero avanzo y avanzo y no
me doy por vencida.
Además, no camino sola con mi maravilloso
programa bajo el brazo…. mi parientita y , cuataneta del alma, Patito Mojón y
Mojado, me acompaña, y cuida, con devoción exquisita, que mi paso siga
abriendo brecha, para lograr ayudar a todos los niños de México que tanto lo
necesitan porque por más que lo intentan, no entienden nada de lo que leen y nomás
no pueden con la escuela.
Así, me encontró abril del 2015,
yendo todos los días con gran gusto a chambear, gracias, sobre todo, a la amistad de mi entonces compañera de oficina,
Norma Camargo, con quien pasaba el tiempo botada de risa con chistes privados
de lo más divertido y variado y carcajadas sonoras para las cuales yo me pinto
más que sola.
La distancia de mi casa a la
oficina y viceversa, se había reducido a la mitad y en muchas ocasiones, a mucho menos que
eso, debido a que mi querida nueva amiga y compañera Norma –Tocayita
de mi amada hermana Norma Celia- pasaba por mí en su coche en las mañanas prácticamente
hasta las puertas de la casa y me traía,
con gran frecuencia, de regreso por las noches hasta ese mismo punto.
Entonces, cuando comenzaba confiada
a acurrucarme en una zona de confort muy placentera, que creía yo, era también merecida…
¡Cuas!, me corrieron del trabajo gracias a que mi insipiente amistad con la
jefa de mi jefa, mi cuais Normita Camargo, había despertado los celos, la
incomodidad y la envidia de mi jefecita directa, quien no dudó en utilizar su muy enano pero
efectivo micro mezquino poder para ponerme de patitas en la calle.
Para esas fechas abril llegaba a los
calendarios.
Tomé ese cambio lo mejor que pude
y una vez pasado el susto, quisieron las circunstancias que 15 días después, yo tocara la puerta de un
mucho mejor trabajo ¡Arroz!
Uno con un sueldo decoroso y que
yo podría realizar desde la comodidad de mi casa, uno con posibilidades –y ánimo
y disposición de mi parte- para crecer en él y cimentar una carrera exitosa haciendo
cosas que me divierten; rodeada de gente amable, entrañable y positiva y, lo mejor
de todo, sin liliputienses malvados o recelosos a babor o a estribor.
Atrás quedaron los viajes de
mosca en el pesero de las 6 de la mañana y las regresadas nocturnas con la
lengua de fuera.
Por fin tenía tiempo para mí…tanto,
que me sentía como nenita en dulcería…y no sabía qué hacer con el tantas veces
añorado tiempo para diseñar nuevos y elaborados planes para gobernar al mundo.
Quiso una casualidad que
aprendiera también por esos días, el arte de mandar y recibir audios vía whatsApp,
ciberconocimiento privilegiado que decidí utilizar, para compartir con mis
brothers y sis , crónicas bobaliconas de mis pensares y haceres y lecturas de mi agrado.
Una noche whatsAppenado con un
bro sobre el niño que todos llevamos dentro, yo, que soy un cuento con patas,
compartí con mis amigos porque quise, porque pude y porque además me dio mi gana,
del libro de Guillermo Murray y Beatriz Donnet “Palabras Mágicas” Los derechos de
los niños a escuchar cuentos:
1. Todo
niño, sin distinción de raza, idioma o religión, tiene derecho a escuchar los
más hermosos cuentos de la tradición oral de los pueblos, especialmente
aquellos que estimulen su imaginación y su capacidad crítica.
2. Todo
niño tiene derecho a exigir que sus padres le cuenten cuentos a cualquier hora
del día. Aquellos padres que sean sorprendidos negándose a contar un cuento a
un niño, no sólo incurren en un grave delito de omisión culposa, sino que se
están auto-condenando a que su hijo jamás les vuela a pedir otro cuento.
3. Todo
niño que por alguna u otra razón no tenga a nadie que le cuente cuentos, tiene
absoluto derecho a pedirle al adulto de su preferencia que se los cuente,
siempre y cuando éste demuestre que lo que hace con amor y ternura, que es como
se cuentan los cuentos.
4. Todo
niño tiene derecho a escuchar cuentos sentado en las rodillas de sus abuelos.
Aquellos niños que tengan vivos a sus cuatro abuelos podrán cederlos a otros
niños que por diversas razones no tengan abuelos que les cuenten. Del mismo
modo, aquellos abuelos que carezcan de nietos están en libertad de acudir a
escuelas, parques, y otros lugares de concentración infantil en donde, con
entera libertad, podrán contar cuantos cuentos quieran.
5. Todo
niño está en el derecho de saber quiénes fueron José Martí, Hans Christian
Andersen y Aquiles Nazoa, las personas adultas están en la obligación de poner
al alcance de los niños todos los libros, cuentos y poesía de estos tres
autores.
6. Todo
niño goza del derecho de conocer las fábulas, mitos y leyendas de la tradición
oral de su país, así como de toda aquella literatura creada por los pueblos
latinoamericanos y del resto del mundo.
7. El
niño también tiene derecho a inventar y a contar sus propios cuentos, así como
a modificar los ya existentes creando su propia versión. En aquellos casos de
niños muy influenciados por la televisión, sus padres están en la obligación de descontaminarlos
conduciéndolos por los caminos de la imaginación, de la mano de un buen libro
de cuentos infantiles.
8. El
niño tiene derecho a exigir cuentos nuevos. Los adultos están en la obligación
de nutrirse permanentemente de nuevos e imaginativos relatos, propios o no, con
o sin reyes, largos o cortos, lo único obligatorio es que éstos sean hermosos e
interesantes.
9. El
niño siempre tiene derecho a pedir otro cuento y a pedir que le cuenten un
millón de veces el mismo cuento.
10. Todo
niño, por último, tiene derecho a crecer acompañado de las aventuras de Tío
Tigre y tío Conejo, de aquel caballo que era bien bonito, de la barba del Viejo
Lucho, del colorín colorado de los cuentos y del inmortal Había una
vez…palabras mágicas que abren las puertas de la imaginación en la ruta hacia los
sueños más hermosos de la niñez
A mis cuates pareció gustarles y
entonces, a mí me vino a la chompeira la idea iluminada de leerle en voz alta, cariñosa y
dulcemente al nenito y nenita que mis amigos y amigas llevan muy dentro de sí.
Elegí para leer y releer con ellos y ellas “Dios
nunca parpadea” y noche tras noche, de lunes a viernes, durante casi 4 meses,
grabé un capítulo del libro y lo dejé en el servidor del whatsapp de mi
cuatitud a manera de besito de buenas noches.
Mayo llegó y me pareció un buen
pretexto para regalarle a mi mamá una foto de su mamá ,Doña Angelita, que mi
primo Jaime me hizo llegar tiempo atrás.
Aconsejada por la mugre más
mugrosa de mi muy mugrienta uña, además de la foto de abuelita llevé hasta el corazón mi
madre querida, la lectura en voz alta de la lección 45 de “Dios Nunca Parpadea” “Lo mejor está por venir” que trata del
reencuentro y reconciliación de la protagonista con su propia madre.
Para Cuando terminé de leerle a
mi mami, ella estaba llorando emocionada y conmovida y me miró con ojos niños para decirme:
-Creo que aún estoy a tiempo de acércame
a ustedes ¿verdad?
Yo asentí con una sonrisa de
mazorca milpareal y desde entonces hemos podido acercarnos más de lo que nunca
estuvimos como madre, como hijas y como familia.
Nadie ganó más que yo con esta
segunda lectura compartida de “Dios Nunca Parpadea”, ya que para mí, Dios, no es un credo
a seguir sino el motor único de mi vida.
En mi lista whatsAppera de predilectos y
predilectas, por supuesto no están todos los que son, porque hay muchos a quienes recuerdo a menudo
con cariño, aunque no tengamos por el momento comunicación por celular o por whats, pero, definitivamente… si son todos
los que están, mis amados, mis únicos niños perdidos y completamente encontrados de la Tierra Maravillosa de
Nunca Jamás.
Ahora ya en noviembre, me
encuentro terminando un año que me deja con un gran sabor de boca y mucho más
que convencida de que tal como sentencia en su libro Regina Brett,..lo mejor…está
por venir.
Que la mejor versión de sí mismos
salga a su encuentro y los abrace a todos y todas con alegría desbordada.
“Señor hazme instrumento de tu
paz;
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo
perdón,
donde haya discordia, ponga yo
unión,
donde haya error, ponga yo
verdad,
donde haya desesperación,
ponga yo esperanza,
donde haya tristeza, ponga yo
alegría.
Haz que busque:
consolar, no ser consolado,
compadecer, no ser compadecido,
amar, no ser amado.
Porque es olvidándose,
como uno encuentra;
es perdonando, como uno es
perdonado;
es dando, como uno recibe;
es muriendo, como uno resucita a
la vida.
Cada mañana utilizo esta oración
como mi brújula. Apunta al Norte Verdadero. Humildad real. Paz verdadera. Soy
simplemente un hijo de Dios, tan valioso y atesorado como cualquier otro hijo
de Dios. No el mejor, no el peor, y para nada importa lo que los demás piensen
de mí.” ·Dios Nunca Parpadea” p.p. 158
Gracias Regina.
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