Este 14 de febrero de 2016, nos encontró cerrando filas y acompañando a mis queridos primos y por demás hermosos sobrinos a despedir a la entrañable tía Isabel; su adorada mamá y abuelita, quien un día antes, decidió que no quería sentir más dolores, de esos que el cáncer de páncreas le produjo por casi dos años y medio.
Salvador, Luis Enrique y Gaby; sus hijos, estuvieron con tía Isabel y le dijeron que lo entendían. Que estaba bien que era hora de descansar y la acompañaron en su último latido.
Ella se fue en un día dulce y amoroso, y nos dejó pensando a todos los que la conocimos, en su naturaleza extraordinaria y en toda la fuerza de flaqueza de la que tuvo que armarse 30 años atrás, cuando una bala asesina le quito a su marido, en un día como cualquiera y la obligó a sobreponerse de inmediato a sus sentimientos más devastadores, para luchar por llevarle pan, vestido y educación a sus tres hijos.
Mi querida tía Isabel, una vez viuda del tío Enrique, no volvió a casarse nunca, y concentró sus esfuerzos y dedicó su vida a hacer con aquellos tres pequeñitos indefensos, sus adorados hijos, su obra maestra.
Encaminando sus pasos con esmero, primero, y luego acompañándolos en aciertos, logros y éxitos; pero también, guiándolos a través de fracasos, sinsabores y contrariedades, hasta llevarlos a encontrar su adultez, al lado de la figura luminosa de su madre, siempre presente.
Encaminando sus pasos con esmero, primero, y luego acompañándolos en aciertos, logros y éxitos; pero también, guiándolos a través de fracasos, sinsabores y contrariedades, hasta llevarlos a encontrar su adultez, al lado de la figura luminosa de su madre, siempre presente.
Esta mujer, hermosa, recia e indomable, aún en el último tramo de su vida y presa de la más horrible tortura; esperó paciente, hasta ver a su hijo mayor casado y con su vida hecha, para despedirse ella misma de la suya, con la satisfacción de la labor cumplida.
Gracias tía Isabel, por tu legado: mi sangre, tu estirpe, en quienes te podré encontrar cuando te busque, y por tu insustituible ejemplo de vida:
¡Ama!, vive la vida, sal a su encuentro, celébrala y vive, ¡vive!, ¡vive!, que la vida es para amar y para dar, sin reservas, sin límites, sin medida.
Tus atesorados hijos y nietos habrán de encontrar en su momento, paz, consuelo, fuerza y entereza, como la encontraste tú 30 años atrás, que de casta le viene al galgo y eso tú ya lo sabías y por eso te fuiste en paz.
Descansa tía.
Hasta volvernos a encontrar
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