Mi primer cuento me encontró impaciente a los 12, disfrazado de un trabajo
escolar, poco tiempo después de haber expropiado para mi uso personal, el
extremo superior izquierdo del pizarrón de mi salón para escribir:
“Sólo con el corazón se puede ver bien lo esencial es invisible para los
ojos.”
24 horas después de haberla escrito, mi frase (bueno la de Saint- Exupery)
seguía allí, y yo había contemplado extasiada desde mi pupitre, como mi pequeño territorio, había sido respetado y cuidadosamente
rodeado por cuantas manos sabiondas esgrimieron un borrador durante todo ese
día.
A esa frase, le siguieron muchas otras, que se transformaron apenas un par de meses después, en un ejercicio
grupal convocado por mi Miss de Geografía;
quien nos exhortó a borrarlas y a substituirlas por otras, si la participante contaba
con alguna máxima sobresaliente que aportar al fraseograma.
Descubierto el poder de la palabra, ese año participé en un concurso de
oratoria en el que me gané: el primer lugar, (¡ad ovum!) un diplomita expedido
por el Colegio Martinak y el aplauso caluroso de todo mi grupo cuando regresé a
el con la victoria.
Así que, cuando la Miss de Español impuso como una tarea, escribir un
cuento, sola (yo estudié en un colegio de niñas) o en equipo, de inmediato me
anoté una inmensa MB en mi boleta mental.
Para escribir mi cuento, convoqué a mi querida amiga Pepino, cómplice
inseparable de todas mis andanzas escolares, quien de inmediato me hizo segunda
y se unió a nuestro flamante equipo de 2.
Manos a la obra, Pepino hizo las ilustraciones y yo escribí un cuento delicioso,
que relataba las peripecias de un pequeño angelito, su llegada al cielo, sus
pato-aventuras fumado-celestiales y sus entretenidas pláticas con Dios. Nuestra
fábula, incluía música de Piero como parte trascendente de la historia, por lo
que Pepino y yo nos las ingeniamos para transcribir las letras de las canciones
que musicalizaban nuestro cuento, y las intercalamos en el lugar adecuado del texto
sin olvidarnos de darle su crédito al “canta-autor”.
Satisfechas de nuestro esfuerzo conjunto, Pepino y yo presentamos nuestro
trabajo con orgullo y regocijo, muy seguras del resultado.
Cuando nos regresaron los trabajos calificados y vimos una gran “S” de
sonsas en el nuestro, sufrido un intenso soponcio cuatachil, nos enteramos
patidifusas, perplejas y estupefactas, de que habíamos pasado de panzazo por
pura y mera piedad y nos encontramos frente a una inmensa muralla de necedad que
no pudimos cruzar; porque Miss Galy –nuestra tan admirada Miss de Español- por más
que le insistimos, no creyó que ese cuento lo hubiera escrito yo.
-Ángeles ese cuento lo escribieron para ti, no sé…algún tío o tu papá pero ¡¿tú?¡,
tú no ¡Por favor!
Por supuesto, la palabra empeñada de Pepino como testigo solemne de que yo
tenía, desde entonces, más de dos dedos de frente, no sirvió, y nos sentaron a
las dos con un lacónico: ¡A callar! Orden absurda qué silenció mi pluma por
años y años, hasta que, varias de mis muchas
vidas de gato después, Couldbe, el profesor Jirafales de la Doña Florinda que
llevo dentro de mí, comenzó a responder con entusiasmo e interés a todas las crónicas,
cuentos, chismes, chistes y babosadas varias que se me ocurría escribirle desde
mi mail para llamar su atención.
La voz de Couldbe comenzó a multiplicarse en mi servidor, algunos años
después, cuando después de mucho pensarla y bastante hacerme mensa, me decidí a
exportar mis gracejadas hacia mi muy amada banda.
Una tarde dichosa, en un VIPS, mi cuate Sergio My King, me habló de un rito
elaborado alrededor de mis e-mails:
-Cuando escribes, me pongo feliz. –me dijo-
-luego guardo tus correos porque en el trabajo no los puedo leer Angie
porque me corren… tus mails son muy largos.
-Pero los sábados, después de levantarme, voy por mi rico café y me siento
a leerte.
Había tal entusiasmo en las palabras de Sergio y tal pasión en su mirada cuando
me invitó a intentarlo, pero a intentarlo
de veras, de veras, de veritas; que yo por fin me decidí y comencé lo que 4 años después, se
convertiría en el libro con el que tanto he soñado despierta durante todo este
tiempo, y que llegará hasta sus servidores en breve, a través de este mi blog “¡A mí mis cuentos!” Libro que
espero disfruten leer tanto como escribirlo saboreó su cuatacha: la mera, mera, petatera, chora, chora,
Chuchita la más Cuerera.
Glosario.
Fraseograma. Conjunto de enunciados chicles al servicio de la comunidad.
Chicles. Chidos.
Chidos. Aishhhh cámbiale de ciber canal.
Ad ovum. Del latín: ¡Pero qué lixta que soy!
Canta-autor. Voz aportada al mundo por el filósofo griego Raúl Velasco que
define al que muy modosito canta y escribe sus rolas. –Ay pero que niño tan
bonito-
Musicografía.
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Dreams -subtitulado-