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miércoles, 25 de septiembre de 2013

La Actitud

Nota: Queridos todos, mi entrañable amigo y socio Alberto Ibáñez Pérez tuvo a bien aventarse este palomaso genial que ahora publico en el blog y que pongo a su consideración.
Ojalá les guste tanto como a mí.
Angie

Durante muchos años se han vivido injusticias en este país y muchos de nosotros, gracias a nuestra actitud, hemos aprendido a vencer los obstáculos durante el transcurso de nuestras vidas.

Soy hijo de padres de clase media con dos hermanos y una hermana a quienes adoro y quiero tanto. De mis padres aprendí el amor a la familia que ahora formo con mi esposa e hijo.


Mi infancia la viví en un Distrito Federal todavía no tan saturado que me permitió conocer la tranquilidad y armonía de su gente. Lugares como Xochimilco, el cerro de la Estrella en Iztapalapa, y el exconvento de Culhuacán fueron los lugares testigos de mi infancia.


Yo siempre estudié en escuelas públicas: kinder, primaria, secundaria, bachillerato y universidad ¿Por qué? No sé, las circunstancias así se dieron. Y como a muchos me tocó tener a grandes profesores que cambiaron mi vida por completo y por lo tanto estoy muy agradecido con ellos.


Es verdad que la educación tiene deficiencias, y muchas. Pero la actitud que siempre tomé fue “Si los demás pueden ¿Por qué yo no?”, ya estando en el bachillerato yo no estaba al nivel de muchos, sin embargo fui de los pocos seleccionados por el Politécnico y sabía que debía aprovechar esa oportunidad para estudiar, así que fueron muchas desveladas para estar al nivel de los demás, sobre todo en matemáticas, materia en que me faltaban muchas bases.


Fue tanto mi esfuerzo que llegué a participar en las olimpiadas de matemáticas, quedando en cuarto lugar en mi escuela y aunque no fui seleccionado para participar con las otras escuelas, a mí me sirvió para darme cuenta del poder que tenía.


Además, también fui de la primera generación que tuvo computación como materia usando las famosas máquinas IBM XT 8086 y si al inicio yo quería estudiar Ingeniería en Electrónica, ahora quería ser Ingeniero en Computación y con mucho más razón tenía que enfocar mis esfuerzos hacia estas materias.


Ya estando en la universidad tuve otro cambio radical y el esfuerzo fue mucho mayor. Jamás me imaginé que estudiar computación implicara tantas matemáticas y lo que más aprendí es que si tengo una oportunidad, no puedo aflojar el paso así que continué con la misma actitud. Me llevó un tiempo más terminar la ingeniería pero al fin la pude concluir.


La formación que tuve me permitió incorporarme al ambiente laboral rápidamente y actualmente estoy en una gran empresa de tecnología en Jalisco.


El nivel académico en Ciencias de la Computación en México en la universidad que estudié (UAM-Iztapalapa) es excelente y por eso es que esta empresa en la que actualmente trabajo está en México.


A donde quiero llegar con esto, es que a pesar de la mala formación que muchas veces tenemos, muchos hemos salido adelante por nuestra actitud de cumplir una meta, un sueño que nos mueve. Aunque no todos tienen esa fortuna ni viven las mismas circunstancias.


Mis papás nos llevaron de vacaciones en algunas ocasiones a lugares turísticos como Uruapan, Acapulco, Oaxaca, etcétera. Pero eran sólo eso, lugares turísticos donde se ve lo bonito de los lugares y de su gente.


Un día en el año 2002 una amiga de la secundaria me invitó a visitar las comunidades de los zapatistas en Chiapas y fue sorprendente lo que vi.


A pesar de que me lo habían contado o lo había visto en algunas ocasiones en las noticias, no es lo mismo que vivirlo y lo que vi es que la gente anda sin zapatos, únicamente come tortillas con frijoles, los animales que tienen no se los pueden comer porque lo usan como trueque y a pesar de tener muchos recursos naturales, nadie les enseñaba a sacar beneficio alguno de ellos, hablaban el Celtal que es una lengua maya y los héroes de los niños eran los miembros del ejército zapatista.


No tenían luz y mucho menos televisión, no hay cines, centros comerciales ni donde ir a jugar boliche… Totalmente otro mundo, otra realidad fuera del contexto en el que vivimos.


Estuve casi todo el mes de diciembre de ese año en Chiapas e invité a cuatro niños chiapanecos a las ruinas de Palenque que por cierto no conocían a pesar de estar en su región, ni conocían que esas ruinas pertenecían a nuestros antepasados quienes fueron grandes astrónomos.


Otro caso que les comento es el de mi esposa, ella vivió en la Sierra Gorda de Querétaro y en Jacala en el estado de Hidalgo y tuvo que irse a estudiar el bachillerato y la universidad a San Luís Potosí porque en Jacala no había más posibilidades de estudio. Ella es Licenciada en Economía y fue a buscar oportunidad de trabajo a Querétaro porque en Jacala sólo podías ser profesor o comerciante o campesino o irse de mojado a Estados Unidos. Es increíble, pero ella tiene más familia en Estados Unidos que en México porque no es fácil encontrar oportunidades aquí.


También puedo comentar que muchos de mis compañeros de tecnología han encontrado oportunidades en Estados Unidos o en Europa.


México ha estado abandonado, y muchos de los que vivimos en las ciudades principales viviendo otra realidad, no nos habíamos dado cuenta de lo que sucedía en otras comunidades más alejadas, y muchos otros todavía no se dan cuenta de cómo viven allá.


Ahora lo importante es reconocer que este es el momento de hacer algo por los demás, no a través de nuestros políticos que son un grupo aparte y putrefacto, no a través de la gente que se encarga de hacer demagogia.


Necesitamos de la gente que le tocó vivir una circunstancia distinta que tuvo la oportunidad de tener una profesión que le permitió tener un buen techo y comida y sobre todo que ha tenido la oportunidad de pensar y reflexionar sobre el hecho de que hace falta un cambio. Pero no un cambio a través de un enfrentamiento, Gandhi nunca derramó sangre, sino empezando con la actitud de nosotros mismos, con los pequeños detalles.


Cuando una empresa tiene una visión y una misión y todos apuntan a una misma dirección son capaces de sobrepasar límites. Así nosotros como mexicanos debemos aprender a pensar diferente.



La revolución de las ideas y del intelecto es lo que ahora vale, porque si todos apuntamos en la misma dirección, hacia la misma meta, no va a ser necesario hacer una lucha ni habrá enfrentamientos; porque nadie podrá detener a todo un pueblo ávido de justicia para calmar su hambre y su derecho a tener una mejor calidad de vida, porque nuestra finalidad como seres humanos es vivir en armonía que muchos todavía ni conocen.

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