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lunes, 19 de mayo de 2014

Vistoria

Hoy había decidido levantarme con el pie izquierdo.

Sin importar que el clima amaneció templado y el sol asomó por mi ventana, yo iba a boicotearme mi fin de semana a toda costa y comencé, desde que abrí el ojo, a martirizar mi corazón con temores idiotas sobre mi futuro incierto (como si alguien pudiera dominar el suyo de forma alguna).

Me tomé un café para aminorar mi amargura y después de rumiar nutridamente -cual la vaca más babosa- futuras penas imaginarias, decidí darme un descanso antes de seguir atormentándome, y me fui a desayunar a un restaurancito que descubrí hace poco y que determiné como: rico, limpio, agradable y pagable.

Al llegar me encontré con que yo era la única comensal y elegí para sentarme, la mesa con mejor vista y junto a la ventana, para sentir el sol sobre mí como silente compañero sanador.

Entonces la vi…fue a dejarme el menú con prisa y con mucha gracia.

Menudita…de alrededor de 7 años y con carita de luna.

Su rostro deforme, me dejó saber, al entregarme la carta, que algo no andaba bien con ella y que la niña tomaba alguna variante de cortisona para aliviar algún mal. (Yo también tomé un fármaco semejante por años y me acostumbré a ver esa misma carita hinchada y adolorida en el espejo).

Le pregunté su nombre con toda la dulzura de la que fui capaz… pero no quiso responderme y fue a sentarse a una mesa cercana a la mía.

Al observarla, la vi mirar con atención, un libro con un acertijo numérico en él, de esos que deben seguirse con una pluma o un lápiz y que al final de una pequeña carrera de números sucesivos, nos regalan como premio, algún muñequito simpático.

Canturreaba y miraba.  Luego se levantaba y corría a verse a sí misma bailar en un refrigerador de sodas, siguiendo el ritmo marcado por  su propio reflejo y después, volvía a sentarse y miraba de nuevo el libro con el acertijo plasmado en él.

Tenía consigo una cajita con coloridos dibujos de princesitas impresos, que supongo, contenía colores, y mientras sostenía la caja en una manita, con la otra, sostenía el libro con el acertijo sin resolver, esperándola impaciente.

Entonces me sentí avergonzada por mis absurdos temores y traté de calzar por un momento los zapatos de esa niña.

Impedida para hacer lo que cualquier niña a su edad puede y sin embargo completamente feliz al bailar con su imagen reflejada en un refrigerador.

Poco antes de irme del restaurante escuché su nombre: Victoria, y me pareció el justo y el necesario para alguien que celebra, valientemente y parada frente a un futuro, que al parecer no mejorará, la inmensa alegría de vivir.

Por supuesto… salí de ahí con la frente en alto, el corazón renovado y dispuesta a permitirme un día completamente feliz.

Musicografía
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