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lunes, 29 de julio de 2013

En donde nace la vista

Dicen que de noche los gatos son pardos todos. Nada más falso. Yo lo sé de buena fuente, porque tengo una tía que vive en medio de la obscuridad total, y no precisamente por capricho, o por el desarrollo paulatino de hábitos draculenses, sino porque se quedó ciega hace algo más de 6 años, gracias a un gen de porquería que persigue a los de mi sangre desde  generaciones atrás.

Antes de perder  la vista por completo, Tía Celia fue débil visual por una década más y durante  dos largos lustros, logró distinguir luces, colores y sombras y…. nada más.

La falta de vista  nunca  ha detenido a Celia, que valiente y aventada, se las ha ingeniado para hacer lo que le viene en gana, apenas viendo primero y luego a tientas. 

Orgullosamente para quienes la queremos, la Tía Chelita, no solamente se hace cargo de su propia personita, sino que además, administra exitosamente su negocio –una papelería- desde hace 50 años; a través de muchos de los cuales, ciega, pero no sorda ni muda, ha sabido llevar a su pequeño reino  hacia la modernidad, porque actualmente, además de vender lápices,  gomas y monografías de héroes y heroínas de papel couché,  funge como sucursal autorizada de Banamex en su Colonia y es el distribuidor de tiempo aire más importante de su zona.

Vaga y andariega, toma taxis o peseros en la calle, ayudada simplemente por un cartón con un letrerito, cuyos bordes le dejan saber, cuál lado del letrero debe sostener para llamar la atención del vehículo que pretenda utilizar.

Hace tiempo, la televisión francesa  vino a México a filmar un documental sobre su vida y cuando se transmitió al aire en Francia, mi tía recibió una llamada telefónica, emocionada y a deshoras, de dos reporteras  mexicanas que andaban por allá, y que no cabían del gusto ni de la felicidad, cuando la vieron: ir, venir, subir, bajar y bailar y bailar -su gran pasión- segura, plena, bullanguera y animosa.

Empoderada por sus logros y pata de perro de marca, un buen día, mi tía  decidió aceptar una invitación para visitar en España, a una asociación civil diseñada para invidentes, y completamente ilusionada ante la nueva experiencia, Chela se fue a Europa.

Muy poco le duró el gustó. Apenas lo suficiente para tocar tierra, cambiar la fecha de regreso de su boleto de avión y volver a México de inmediato, porque Madrid, tenía muy poco que ofrecerle. Pues ni la imponente belleza de su fastuosa arquitectura, ni la famosa Puerta del Sol, ni la Pinacoteca del Prado, podían subyugarla en forma alguna, porque ella no puede ver; y a lo largo de sus tantos años de ciega, Celia siempre ha dependido, de las manos generosas de cientos de desconocidos que la ayudan, la acompañan y la guían, cuando se aventura a alejarse del quicio de su propia puerta con pasitos de venado.

Lejos por primera vez, de esa red impresionante de apoyo incondicional, Celia se supo sola, en medio de un mundo indolente, en el que alguien como ella, no tenía cabida y mucho menos, razón de ser ninguna. Por eso volvió enseguida sobre sus guapachosos pasos;  para seguir yendo y viniendo, cumbanchera, bailadora y cobijada por los suyos, que la tratan dulcemente, más que como a una muy querida pariente, como si fuera toda  ella, un rico algodón de azúcar.

Los suyos, los mismos que, increíblemente, no comprenden lo extraordinario de su propia naturaleza, porque carecen de un punto de referencia que les sirva como espejo para poderse admirar.

La vista pues, nace siempre del amor, aunque los ciegos del corazón opinen mezquinamente lo contrario.

“Existen Universos más sofisticados, más seductores y mucho mejor estructurados que este, pero ningún otro, con la capacidad inapreciable de permitir a aquel que llega, abrazar esta tierra como si fuera la propia. 

Gracias a esta facultad, sobrevivientes de guerras, caminantes de paso y aventureros hicieron y aún hacen de esta bandera la suya y de estas fronteras el frente de sus batallas.

Yo me fui, para alejarme de donde la capacidad de autocrítica se exacerbó hasta convertirse en el estigma nacional de perdedor incorporado, que yo no quise comprar.  

Y volví…cansada, sintiéndome extranjera en el lugar donde nací, con el alma de paria y las suelas desgastadas; y encontré, entre mi pueblo y en sus calles, la entereza y la fuerza necesarias para volverlo a intentar, llevando esta vez en la zaga: la baba de nopal que corre feliz por mis venas, una idea sideral y luminosa para seguir y un corazón “hecho y recargado en Tundera que la quiere alcanzar.”¹ -da clic para abrir el PDF-"Del Metro Balderas a Nunca Jamás"

Glosario.
Tundera. México ¡Sí señor!

Bibliografía.
1. María Ángeles, “Del Metro Balderas a Nunca Jamás” 2013, pág 6.

Musicografía
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lunes, 22 de julio de 2013

Peter

Nota.
Seguimos experimentando algunas dificultades técnicas para terminar el proceso de poner a la venta el libro “Del Metro Balderas a Nunca Jamás” en el Blog pero esperamos resolverlos en algún punto de las próximas 3 semanas, mientras tanto los invitamos a descargar el PDF gratuito del libro para que lo conozcan. Por su comprensión y preferencia gracias.

Peter

Todo el mundo sabe que quien escucha una voz para sus adentros que lo apoya y lo anima, medita; y que de quien oye más de una voz hablándole a él, sólo a él y a nadie más que él, hay que huir despavorido; aunque…a veces…por miedo de que esté ocurriendo lo segundo, se ignora olímpicamente lo primero, y entonces…. ¡Diantres! Hay que hablar, hablar y hablar, fuerte, quedito y más o menos e insistir, insistir e insistir todo el tiempo y a toda hora, hasta que “el escucha” deje de pretender su necio “no oigo no oigo soy de palo” y se establezca la conexión cósmica que da paso a la magia feliz y luminosa que ejerce en nosotros el pequeño niño que todos llevamos dentro.

Ese mismo que nos dicen los que saben, hay que controlar, dominar y mantener a raya y sin tregua, es irónicamente, el único con la fuerza suficiente para sacarnos a flote de situaciones extremas.

Su presencia vivaracha nos permite hacer las bromas más bobas en medio de situaciones difíciles y reír de buena gana de  tragedias espantosas.

Es él quien mantiene nuestra esperanza viva y nos sostiene con su aliento para no dejarnos caer cuando se hace necesario.

Y una vez superadas las situaciones que le hicieron emerger en nuestro auxilio, se acurruca y se queda sentadito dormitando detrás de una de nuestras orejas, por si alguna vez debiera salir de nuevo a salvarnos con sus juegos, de morir en vida.

Gracias Peter…sin ti... yo nunca lo hubiera logrado.

“Los ecos de Tundera llegaron hasta mí para repetirme valerosos la historia que aún recuerdan claramente sus crónicas de frontera.

Atravesaron sucesos, miedos, mares, y se abrieron paso entre el olvido para permitirme escribir…de sus años…de sus días.

Enjugaron lágrimas temerosas y explicaron razones dolorosas. Y con su fuerza y con su guía, al contarme su relato, me abrieron una puerta hacia el pasado, narrándome devastados los horrores de la guerra.

Luego volvieron a casa conmigo, cantando en el camino, triunfantes, poderosos y vivos, a través de montañas, valles y ríos; para retumbar en mi presente, orgullosos y acompañando mi paso, al circular con el viento por los trenes subterráneos de una ciudad como hay tantas, que se yergue en el centro de un país como ninguno; y transporta diariamente por sus túneles y pasadizos: visitantes, cocodrilos, Campanitas, Wendys, Peters y algunos niños perdidos; que viajan hombro con hombro, en el asiento de al lado y a lo largo de sus vidas  “Del Metro Balderas a Nunca Jamás”.

Los recuerdos, las memorias, lo vivido, tratándose de un tercero y hasta a veces de uno mismo…son siempre un acto de fe.”¹ -da clic para abrir el PDF-"Del Metro Balderas a Nunca Jamás"

Bibliografía.

1. María Ángeles, “Del Metro Balderas a Nunca Jamás” 2013, pág 1.

Musicografía
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The Call traducida

lunes, 15 de julio de 2013

De Metros


Cualquier Metro alrededor del mundo puede utilizarse como el parámetro perfecto para conocer a sus viajeros.

El de Nueva York por ejemplo, más que complicado, es igualito que sus  gringos pasajeros: una auténtica pesadilla de pozole. Frío, atemorizante y con intersecciones y puntos de transbordo sin sentido que parecen desvanecerse en alguna divergente de la dimensión desconocida; ese Metro es en suma, una experiencia ingrata.

El de París en cambio, es un Metro que cualquiera de nosotros agradecería porque es idéntico al nuestro -no en balde fue diseñado por el mismo ingeniero- y además está impregnado de música y artistas callejeros que le dan un aire bohemio e inolvidable.

El nuestro es un Metro difícil. Siempre atiborrado de gente en las horas pico y poblado a ratos, por seres, que más que transeúntes, parecen pintorescos habitantes del subsuelo.

De los tres, que por supuesto conocí, disfruté y sufrí, si me dieran a elegir, yo me quedo con el nuestro y voy a explicar porqué.

Hace algunos años, por motivos relacionados con “¿Quién sabe?” combinados con un poco de “Vaya usté a saber”, a eso de las seis de la tarde, me desvanecí en un vagón del Metro lleno a más no poder, y en fracciones de segundo, ahí en donde no cabía un alfiler, se hizo espacio para que yo me recostara. Una voz me dijo segura: ¡Yo tengo tu bolsa, tranquila! Otra pidió espacio para que yo pudiera respirar y un asiento para mí, y me invitó a sentarme y a no perder la conciencia.

En la siguiente estación, tres personas bajaron conmigo protegiéndome con sus cuerpos; y ya en el andén una de las tres me dijo:

-Aquí está tu cartera con tu dinero, aquí tienes tu celular y tu bolsa.

Mis otros dos acompañantes se aseguraron de que yo hubiera vuelto en mí completamente y luego, los tres desaparecieron de mi vista en el siguiente tren.

Ni les digo lo que me hubiera pasado en esas mismas circunstancias en el Metro de Nueva York porque esta no es una crónica de ultratumba.

Dada la misma situación en París, entre tanto arte y tanta bohemia, mi caída libre no hubiera sido detenida por nadie y muy probablemente hubiera llegado hasta China de un costalazo.

El nuestro en cambio, es un Metro circulado por gente extraordinaria, solidaria, amorosa, respetuosa, maravillosa. Mi gente.

-¡Ajúa!

“Confieso que en ocasiones me he perdido en la absurda carrera de: “hasta dónde quiero llegar” y “a quién tengo que dejar atrás para conseguirlo”… pero me he salido las suficientes veces del camino, para entender que: realmente no interesa a donde se vaya en la vida, ni que tan lejos se pueda llegar, mientras se viaje al lado de quien realmente se ame.”¹ Dar clic para iniciar la descarga del PDF  "Del Metro Balderas a Nunca Jamás"


Glosario.

Parámetro. Mat. Variable que incluida en una ecuación modifica el resultado de esta.
Mat. Aishhh, ¡¿no inventen?!
Usté. Forma coloquial utilizada para referirse a la segunda persona del singular.

Bibliografía.

   1.      María Ángeles, “Del Metro Balderas a Nunca Jamás” 2013, pág 2. 
   
Musicografía.
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lunes, 8 de julio de 2013

¡Bang Bang!


Cuando nos encuentra el caos, (una detención injustificada en un país extranjero -como en mi caso- una enfermedad, un accidente, un robo, un divorcio, la pérdida de un ser amado, la salida de un trabajo, el fracaso de un proyecto largamente acariciado etc… etc…etc….) nos abraza la nada.

Curiosamente, en esos momentos nos encuentra también la total certidumbre de que: maltrechos, cansados, aterrados o enojados; cuando llegue el momento, dejaremos atrás esos eventos catastróficos transformados en mejores personas.

A esa fuerza inmensa que nos envuelve y protege en situaciones de enredo y confusión, solemos llamarla de muchas maneras que no logran definir su grandiosa omnipresencia.

Aunque por estas fechas -por puro listos que somos y porque si no sería el colmo- tenemos más que dominado el punto del tal ¡Big Bang!, y ya sabemos cuando ocurrió, como pasó, que sucedió y en donde aconteció, no entendemos todavía un muy pequeño detalle: ¿Qué lo generó?

No es por intrigar pero dudo mucho que logremos dar con esa respuesta, porque, verán ¡Santas confusiones Batman! La paradoja es la inversa, la Fe no encuentra su Todopoderoso Principio en el  muy pequeño hecho de que ustedes crean en algo, sino en el Mágico Prodigio de que esa Fe, en ustedes,  no deje jamás de creer ¡Bazinga!

¡Tan-tan!


Musicografía.
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