Cuando
nos encuentra el caos, (una detención injustificada en un país extranjero -como
en mi caso- una enfermedad, un accidente, un robo, un divorcio, la pérdida de
un ser amado, la salida de un trabajo, el fracaso de un proyecto largamente
acariciado etc… etc…etc….) nos abraza la nada.
Curiosamente, en esos momentos
nos encuentra también la total certidumbre de que: maltrechos, cansados, aterrados
o enojados; cuando llegue el momento, dejaremos atrás esos eventos
catastróficos transformados en mejores personas.
A esa fuerza inmensa
que nos envuelve y protege en situaciones de enredo y confusión, solemos
llamarla de muchas maneras que no logran definir su grandiosa omnipresencia.
Aunque por estas fechas
-por puro listos que somos y porque si no sería el colmo- tenemos más que
dominado el punto del tal ¡Big Bang!, y ya sabemos cuando ocurrió, como pasó, que
sucedió y en donde aconteció, no entendemos todavía un muy pequeño detalle: ¿Qué
lo generó?
No es por intrigar pero
dudo mucho que logremos dar con esa respuesta, porque, verán ¡Santas
confusiones Batman! La paradoja es la inversa, la Fe no
encuentra su Todopoderoso Principio en el
muy pequeño hecho de que ustedes crean en algo, sino en el Mágico
Prodigio de que esa Fe, en ustedes, no
deje jamás de creer ¡Bazinga!
¡Tan-tan!
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