Cualquier Metro
alrededor del mundo puede utilizarse como el parámetro perfecto para conocer a
sus viajeros.
El de Nueva York por
ejemplo, más que complicado, es igualito que sus gringos pasajeros: una auténtica pesadilla de
pozole. Frío, atemorizante y con intersecciones y puntos de transbordo sin
sentido que parecen desvanecerse en alguna divergente de la dimensión
desconocida; ese Metro es en suma, una experiencia ingrata.
El de París en cambio,
es un Metro que cualquiera de nosotros agradecería porque es idéntico al
nuestro -no en balde fue diseñado por el mismo ingeniero- y además está impregnado
de música y artistas callejeros que le dan un aire bohemio e inolvidable.
El nuestro es un Metro
difícil. Siempre atiborrado de gente en las horas pico y poblado a ratos, por
seres, que más que transeúntes, parecen pintorescos habitantes del subsuelo.
De los tres, que por
supuesto conocí, disfruté y sufrí, si me dieran a elegir, yo me quedo con el
nuestro y voy a explicar porqué.
Hace algunos años, por
motivos relacionados con “¿Quién sabe?” combinados con un poco de “Vaya usté a
saber”, a eso de las seis de la tarde, me desvanecí en un vagón del Metro lleno
a más no poder, y en fracciones de segundo, ahí en donde no cabía un alfiler,
se hizo espacio para que yo me recostara. Una voz me dijo segura: ¡Yo tengo tu
bolsa, tranquila! Otra pidió espacio para que yo pudiera respirar y un
asiento para mí, y me invitó a sentarme y a no perder la conciencia.
En la siguiente
estación, tres personas bajaron conmigo protegiéndome con sus cuerpos; y ya en
el andén una de las tres me dijo:
-Aquí está tu cartera
con tu dinero, aquí tienes tu celular y tu bolsa.
Mis otros dos
acompañantes se aseguraron de que yo hubiera vuelto en mí completamente y luego,
los tres desaparecieron de mi vista en el siguiente tren.
Ni les digo lo que me
hubiera pasado en esas mismas circunstancias en el Metro de Nueva York porque esta
no es una crónica de ultratumba.
Dada la misma situación
en París, entre tanto arte y tanta bohemia, mi caída libre no hubiera sido
detenida por nadie y muy probablemente hubiera llegado hasta China de un
costalazo.
El nuestro en cambio, es
un Metro circulado por gente extraordinaria, solidaria, amorosa, respetuosa,
maravillosa. Mi gente.
-¡Ajúa!
“Confieso
que en ocasiones me he perdido en la absurda carrera de: “hasta dónde quiero
llegar” y “a quién tengo que dejar atrás para conseguirlo”… pero me he salido
las suficientes veces del camino, para entender que: realmente no interesa a
donde se vaya en la vida, ni que tan lejos se pueda llegar, mientras se viaje
al lado de quien realmente se ame.”¹ Dar clic para iniciar la descarga del PDF "Del Metro Balderas a Nunca Jamás"
Glosario.
Parámetro. Mat. Variable que incluida en una ecuación modifica el resultado
de esta.
Mat. Aishhh, ¡¿no
inventen?!
Usté. Forma coloquial
utilizada para referirse a la segunda persona del singular.
Bibliografía.
1.
María
Ángeles, “Del Metro Balderas a Nunca Jamás” 2013, pág 2.
Musicografía.
Musicografía.
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