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lunes, 12 de agosto de 2013

El batallón de lectores

Su amor por los libros la encontró antes de cumplir los 7, en una tarde que aún logra recordar con  una precisión casi ridícula.

Un regalo  tocó a la puerta de su casa, permitiéndole con su aparición en su sala y en su vida, iniciar un viaje mágico y luminoso que no termina todavía.

Un vendedor de puerta en puerta, les  dejó esa tarde a  su mamá y a ella– a vistas- los 12 tomos de la Enciclopedia Salvat y una colección de cuentos para niños que era, más que especial y bonita, completamente soberbia.

Las pastas de los libros eran negras, duras y muy gruesas, brillantes y lustrosas; y al frente, bajo los títulos escritos con letras doradas y majestuosas, sobresalían unos cromos, que al moverlos, permitían que las imágenes se movieran también, resaltando así su tercera dimensión y sus colores espectaculares.

De todos los cuentos que el vendedor les mostró, ella abrazó de inmediato: “El Soldadito de Plomo” de Hans Christian Andersen. Y era tal su entusiasmo por el libro, que su mamá le dijo, que ese ya era suyo, porque ella se lo regalaba.

Entonces, se fue corriendo con su regalo a su cuarto y se sentó en el suelo, para analizarlo con detenimiento. Las ilustraciones eran vistosas e importantes y le dejaban saber que su libro, contenía una historia por contar…pero su libro, que tenía también muchas letras, no le decía mucho más, porque a los 6 años ella leía requeté mal. No obstante, insistía e iba y venía por las hojas, leyendo palabras  cortitas e imaginando extasiada todas las demás.

 La Encliclopedia y los cuentos se quedaron en su casa y durante ese, su primer año escolar, ella habría de poner el mejor de sus esfuerzos para aprender realmente a leer, con la sola intención de disfrutar de su regalo, que permanecía oculto de malévolos depredadores  y  granujas despistados,  debajito de su cama.

Cuando por fin lo leyó y se enteró de la amorosísima historia entre el pequeño soldadito de plomo al le faltaba una pierna y la frágil y éterea bailarina de papel; la pata que siempre tiene en la luna, se despegaría por primera vez del suelo, para no bajar de jamás.

A “El soldadito de Plomo” Le siguieron muchos otros libros más, producto de sus constantes golpes maestros, dirigidos todos,  al librero de su casa,  en los que se robaba lo que le parecía interesante, para ir luego a esconderlo siempre al mismo lugar  y devorarlo cuando se sentía a salvo, protegida y sobre todo cuando nadie la veía, y devolverlo después, sigilosa a su sitio en la repisa, sin dejar rastro ninguno de sus crímenes perfectos. Pero ese, su primer libro y boleto hacia el mundo sin regreso de su imaginación desbordada  sería para ella, el mejor libro de todos.

Por desgracia, su Soldadito de Plomo,  no estuvo mucho tiempo a su lado, porque en la siguiente mudanza, habría de desaparecer misteriosamente de su vida en forma definitiva; y ella… que aún no lo ha olvidado…, cuando pasea por distintas librerías, para ver que nuevos viajes extraordinarios sería bueno comenzar,  busca entre los estantes, su libro adorado  y aburre a los vendedores -sin la menor de las suertes- explicándoles como era su todavía perdido tesoro.  

Y, ¿quién sabe? a lo mejor a base de tanto insistir, un día, en una tarde cualquiera, muy similar a  aquella primera, su soldadito de plomo y ella, se vuelven al fin a encontrar.

Por ese amor inconmensurable hacía un libro en particular y hacia la lectura en general, cuando supo que la ausencia de comprensión lectora, era en su tierra natal más que un problema grave, una epidemia nacional, decidió que tenía que hacer algo, que no podía privar a los niños y a las niñas que apenas iban creciendo, del placer prodigioso de leer, entender lo que se lee y soñar con ello despiertos.

Para atacar el problema, puso manos a la obra y diseñó todo un plan, con tal cuidado y astucia que no le podía fallar y se fue hasta donde la necesitaban, a enseñar a los niños y a las niñas a comprender lo que leían.

Les quitó el estigma de vagos y perezosos y de dispersos revoltosos y les devolvió a todos y a todas, con un libro entre las manos, la pierna que les faltaba para seguir adelante.

Lográndolo todos y todas, ahora andan por ahí contagiando a otros y a otras de la alegría de leer y haciéndole honor a su memorable batallón de lectores.

Nota.
Y para que un día lo lean, ella escribió: “Del Metro Balderas a Nunca Jamás” soñando con que alguien…alguna vez… se enamore del suyo, como ella se enamoró de aquel, libro mágico y maravilloso, que todavía sigue buscando.


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2 comentarios:

  1. Adiviné quién era la protagonista y me identifiqué con ella de inmediato, pero cuánta reflexión en unas palabras tan simples! Ojalá pudieramos transmitir a los que están a nuestro lado y a los que vienen por detrás lo maravilloso que es entrar al mundo de las letras. A mi me pasó como a tí, mis guías turísticos fueron Los Cuentos de Grimm y el Platero y Yo de Juan Ramón Jiménez a ellos les debo tantos momentos de delicia.Gracias Angie (Ismael)

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