Hace ya un largo año de gato –o siete años humanos- conocí a Érica y a su pequeño hijito Luis Emilio. Ambos recurrieron a mi amiga Mini y a mí pidiéndonos auxilio para limpiar su casa.
Mi amiga y yo aceptamos de inmediato, ignorando por completo lo que se nos estaba pidiendo.
Llegamos a su departamento el sábado subsecuente, a petición de la interesada, ya muy entrada la noche, dispuestas a hacer talacha y armadas con guantes de plástico y algunas bolsas de basura.
Unos metros antes de llegar a la puerta señalada, el aire comenzó a viciarse y un olor fétido y penetrante comenzó a adueñarse del ambiente.
Al llegar frente al departamento situado en la planta baja, era fácil deducir que la peste provenía de adentro.
Cuando Luis Emilio nos abrió, a las dos se nos cayó la quijada al ver el basurero asqueroso que ellos llamaban casa.
Érica tenía ganada (debido al hedor y a las alimañas) la enemistad de sus vecinos y no quería llamar su atención al comenzar a limpiar, por eso nos había citado a esa hora.
Al pasar, nos contó que su mamá vivió con ella y con su hijo –entonces de 12 años- en ese departamento por más de 10 años, durante los cuales estuvo enferma mentalmente y a través de los que, no permitió que nadie tirara nada bajo ninguna circunstancia, porque al intentarlo se ponía muy violenta.
Cuando nosotras llegamos, hacía ya un año que su madre había fallecido, pero Érica seguía sin tirar nada y se encontraba rodada totalmente por alterones de basura que se levantaban a lo largo de medio metro por todas las áreas del departamento.
Había también un hoyo en medio de su sala de aproximadamente 5 metros de diámetro y 3 metros de fondo, porque el piso en ese punto había dado de sí ante la humedad y el abandono. Por si fuera poco, Érica tampoco se animaba a deshacerse de los gatos que su mamá había llevado con la intención de adoptarlos y que sumaban ya una veintena, que seguía reproduciéndose.
Manos a la obra, en un dos por tres, nuestras bolsas de basura se llenaron de desperdicios que fueron a parar a un basurero vecino y no pudimos reutilizarlas porque escurrían suciedad; así que por esa noche dimos por terminada nuestra labor y prometimos volver el fin de semana siguiente.
Así lo hicimos y fuimos más equipadas; llevábamos palas, botas, tapabocas y guantes de asbesto.
Trabajamos hasta muy tarde en la madrugada sacando basura y conforme avanzábamos limpiando, la actitud de Érica hacia nosotras se iba tornando cada vez más a la defensiva, pues constantemente nos decía que no podía tirar esto o aquello porque era algo imprescindible que ella pretendía usar más adelante o algún objeto muy amado por su madre.
Regresamos por espacio de casi 2 meses hasta que Érica, un buen día, sin previo aviso o explicación alguna no nos permitió ir más.
A Mini y a mí nos causó una gran tristeza dejar nuestro trabajo a medias y a Luis Emilio durmiendo entre bichos y porquería pero no nos quedó otra, porque sin darse cuenta, al intentar proteger a su mamá y no permitir su internamiento en su momento, en una clínica psiquiátrica, Érica había desarrollado a lo largo de los años el mismo apego enfermizo que su mamá hacia la basura y aunque lo intentó con nuestra ayuda, no pudo seguir viendo cómo se iban poco a poco los custodiados haberes que su madre con tanto recelo resguardó a lo largo de una década.
Cuando el amor se tuerce y el ego y el apego hacen su aparición y tergiversan los sentimientos más puros y entrañables en angustia y sin razón y nos abraza por completo el caos...es el momento de pedir ayuda profesional.
Musicografía
Da clic para desplegar el vídeo
Pienso en ti - Shakira
No hay comentarios.:
Publicar un comentario