Hace un par de años, en un lunes como tantos, sonó mi celular. Era mi hermana Norma pidiendo mi ayuda para rescatar 3 gatitos desvalidos, que ella vio como tiraban en una caja de zapatos afuera de Centro Bancomer, al salir de una junta.
Después de refunfuñar por todo lo alto, fuerte y quedito–porque ese día tenía mi tiempo muy medido- acordé verme con mi hermana afuera del metro CU, así que, de muy mala gana, me levanté de mi asiento y me fui a recoger a los tales gatitos.
Cuando los tuve conmigo, me despedí de mi hermana y les compré a los misifusos algo de atole, sólo para descubrir, que los gatitos son chiquitos pero no estúpidos, porque ninguno de los 3 quiso comer nada de atole con el dedo; así que después de saludarlos y concluir que la única mensa ahí, era yo, los traje a casa conmigo.
Llegando, me los llevé al veterinario para que me dijeran la edad de los mirrimiaus y comprar mamilas, fórmula y demás componentes del mi Kit “felinos SOS”.
Supe entonces, que tenían menos de una semana y estaban todavía ciegos –los gatitos nacen ciegos- you know?- y aunque el Doc me dijo muy claro que les veía muy pocas probabilidades de vivir, porque eran muy, muy chiquititos, después de consensar vía celular con mi hermana, decidimos intentarlo.
Se me dijo que era necesario estimular sus esfínteres para permitirles orinar, que es lo que hace la mamá gatita al bañarlos con su lengua rasposita, porque si no logran orinar… se mueren. Por lo que después de darles de comer… les sobé la barriga con un algodón mojado y los cobijé.
Esa noche cuando mi hermana llegó, tuvo la gran idea de dárselos a mi perrita La Crazy -que está loca como cabra- y mostraba mucho interés en conocerlos y olerlos; y para sorpresa nuestra… La Crazy adoptó y amó de inmediato a todos los gatitos callejeros y comenzó a bañarlos y a estimular sus esfínteres de forma tan eficaz con su lenguotota, que nos garantizó de inmediato que con sus lamidas amorosas, que los gatitos vivirían.
Una semana después yo me encontré también tirados (por razones que no sé cómo explicar porque aún no se me ocurren) a otros tres gatitos del color opuesto, -los primeros eran negros y estos blancos, que aún tenían su cordón umbilical colgando y también los traje a casa.
Si ya estábamos batallando y dando mamilas cada 3 horas a 3 mininos latosos, chillones y demandantes -que a mí ya me tenían harta- podríamos hacerlo con 6.
Todos vivieron, todos fueron perfectos, pizpiretos, juguetones y sanos…y todos fueron adoptados por personas que escucharon de voz del veterinario que los regaló en su tienda de mascotas, la historia de vida de los gatitos y se comprometieron a integrarlos a sus familias, a sabiendas de que si cambiaban de opinión, podían devolverlos al veterinario que nos los haría llegar, hasta encontrarles otra casa.
Una vez adoptados, ninguno volvió.
A Crazy, mi perrita, la recogió otro de mis hermanos, de un bote de basura en donde la habían tirado y yo la traje conmigo para adoptarla, porque es muy linda, muy inteligente y muy graciosa; y no deja de parecerme curioso, que fuera precisamente ella (mi hermana Norma tiene 2 perritos más y una gatita que viven con nosotras) esta perrita que algún idiota consideró basura, quien rescató con sus cuidados y gran lenguaza a 6 gatitos que sin ella, muy seguramente no lo hubieran podido lograr…
La basura de otros, sin duda es… el tesoro de algunos…
No existe un ejercicio más retro alimentador ni más valioso que el de dar y cuando se está cerca de otros que saben dar (su tiempo, su interés, su afecto, su dinero, su esfuerzo) sin esperar nada a cambio, uno se sabe parte de un grupo muy especial…
Qué el Jefe nos permita entender…..que la naturaleza…es una cadena de vida…y la vida…una cadena de amor.
Videografía
Donde viven los monstruos
Después de refunfuñar por todo lo alto, fuerte y quedito–porque ese día tenía mi tiempo muy medido- acordé verme con mi hermana afuera del metro CU, así que, de muy mala gana, me levanté de mi asiento y me fui a recoger a los tales gatitos.
Cuando los tuve conmigo, me despedí de mi hermana y les compré a los misifusos algo de atole, sólo para descubrir, que los gatitos son chiquitos pero no estúpidos, porque ninguno de los 3 quiso comer nada de atole con el dedo; así que después de saludarlos y concluir que la única mensa ahí, era yo, los traje a casa conmigo.
Llegando, me los llevé al veterinario para que me dijeran la edad de los mirrimiaus y comprar mamilas, fórmula y demás componentes del mi Kit “felinos SOS”.
Supe entonces, que tenían menos de una semana y estaban todavía ciegos –los gatitos nacen ciegos- you know?- y aunque el Doc me dijo muy claro que les veía muy pocas probabilidades de vivir, porque eran muy, muy chiquititos, después de consensar vía celular con mi hermana, decidimos intentarlo.
Se me dijo que era necesario estimular sus esfínteres para permitirles orinar, que es lo que hace la mamá gatita al bañarlos con su lengua rasposita, porque si no logran orinar… se mueren. Por lo que después de darles de comer… les sobé la barriga con un algodón mojado y los cobijé.
Esa noche cuando mi hermana llegó, tuvo la gran idea de dárselos a mi perrita La Crazy -que está loca como cabra- y mostraba mucho interés en conocerlos y olerlos; y para sorpresa nuestra… La Crazy adoptó y amó de inmediato a todos los gatitos callejeros y comenzó a bañarlos y a estimular sus esfínteres de forma tan eficaz con su lenguotota, que nos garantizó de inmediato que con sus lamidas amorosas, que los gatitos vivirían.
Una semana después yo me encontré también tirados (por razones que no sé cómo explicar porque aún no se me ocurren) a otros tres gatitos del color opuesto, -los primeros eran negros y estos blancos, que aún tenían su cordón umbilical colgando y también los traje a casa.
Si ya estábamos batallando y dando mamilas cada 3 horas a 3 mininos latosos, chillones y demandantes -que a mí ya me tenían harta- podríamos hacerlo con 6.
Todos vivieron, todos fueron perfectos, pizpiretos, juguetones y sanos…y todos fueron adoptados por personas que escucharon de voz del veterinario que los regaló en su tienda de mascotas, la historia de vida de los gatitos y se comprometieron a integrarlos a sus familias, a sabiendas de que si cambiaban de opinión, podían devolverlos al veterinario que nos los haría llegar, hasta encontrarles otra casa.
Una vez adoptados, ninguno volvió.
A Crazy, mi perrita, la recogió otro de mis hermanos, de un bote de basura en donde la habían tirado y yo la traje conmigo para adoptarla, porque es muy linda, muy inteligente y muy graciosa; y no deja de parecerme curioso, que fuera precisamente ella (mi hermana Norma tiene 2 perritos más y una gatita que viven con nosotras) esta perrita que algún idiota consideró basura, quien rescató con sus cuidados y gran lenguaza a 6 gatitos que sin ella, muy seguramente no lo hubieran podido lograr…
La basura de otros, sin duda es… el tesoro de algunos…
No existe un ejercicio más retro alimentador ni más valioso que el de dar y cuando se está cerca de otros que saben dar (su tiempo, su interés, su afecto, su dinero, su esfuerzo) sin esperar nada a cambio, uno se sabe parte de un grupo muy especial…
Qué el Jefe nos permita entender…..que la naturaleza…es una cadena de vida…y la vida…una cadena de amor.
Videografía
Donde viven los monstruos
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