Hace 6 años tuve la
necesidad de refrendar mi pasaporte 2 veces durante la misma muy espeluznante administración…
y…. ¡Santos infortunios Batman! Me topé de lleno, más que con una pared, con
una muralla interminable de estupidez suprema.
El primer refrendo resultó
una muy desgastante experiencia, en la cual, un trámite simple, realizado ante
las mismas autoridades que avalaban la autenticidad de la expedición de mi pasaporte
previo, mismo que por cierto, entonces, aún estaba vigente y que yo llevaba
conmigo… se antojaba una misión imposible; pues, para mi infortunio, la autoridad
competente (una idiota con iniciativa) había dispuesto que incluso para
realizar los trámites de refrendo, era necesario presentar todos los requisitos
que se solicitan para realizar el trámite por primera vez, incluido un nuevo y
muy flamante filtro –el 37- que se sumaba a los 36 filtros previos dispuestos
por La Honorable Secretaría de Relaciones Exteriores para proteger y asegurar
la autenticidad del documento solicitado: una credencial de elector.
Con la intención de realizar
mi trámite, yo llevaba conmigo todos los documentos que se me solicitaron,
menos la tal credencial de elector, por una muy sencilla razón: ni voto, ni he
expedido nunca la tal credencial, y durante toda mi vida, he pagado para tener
conmigo una identificación oficial que ratifique la autenticidad de mi
procedencia y que no se contraponga con mis convicciones personales, mismas que
encuentran en el proceso democrático de nuestro país, un circo deleznable.
Me tomó meses; horas y horas;
vueltas; amenazas; sombrerazos e interminables discursos amenazantes emanados
de las fauces de todos los funcionarios que tuve que enfrentar: un encargado,
un asistonto del asistonto de un tonto, el asistonto del tal tonto, el tonto
mismo, el jefe del tonto, la jefa del jefe del tonto y el equipo de asesores
jurídicos de Tontilandia; argumentando siempre lo mismo:
El voto es un derecho que yo
puedo ejercer o no, no una obligación que tú vas a exigirme que cumpla; tú
expediste mi pasaporte anterior, que por cierto, está aún vigente; no puedes
desconfiar de ti mismo, ¿o sí? Apégate a la ley y dame mi pasaporte.
2 meses después, finalmente
me fue entregado mi flamante pasaporte nuevo, sin la presentación de ninguna
credencial de elector. ¿Pos estos?
Durante el mismo régimen, mi
pasaporte volvió a vencerse y pues, básicamente, fue vuelta a empezar.
Esta vez, desde el primer
día en que comencé mi trámite se me tomó declaración, se me informó que se había
girado una orden de aprehensión en mi contra y se me arraigó en el país para
impedir mi huida; aunque, cabe mencionar, nunca me dijeron de que me acusaban y
nadie me detuvo al salir de las oficinas de la Secretaría de Relaciones
Exteriores; pero, desde ese momento y hasta que mi pasaporte se me entregó
–casi 3 meses después-, un coche negro con unas placas que ostentaban el escudo
nacional, se estacionó afuera de mi casa y permaneció ahí día y noche.
Yo, que por las malas puedo
transformarme un auténtico dolor de muelas, decidida a no ceder, contraataqué
con el viejo y conocido truco de:
-¡Sé lo que hiciste el
verano pasado y además te voy a acusar con tu mamá!
Pues mi cuate Marco Moreno,
que trabajaba entonces en la ONU y se
encontraba por esos días comisionado en África, a petición mía, le envió un
correo electrónico a una amiga suya que a su vez trabajaba en La Honorable
Secretaría de Relaciones Exteriores, preguntándole sencilla y brevemente, ¿cuál
sería el problema para impedirle el refrendo de su pasaporte de una muy simple
mortal como yo?
Nomás para que vean, que tan
rápido y exponencialmente funciona la pirámide del chisme; enviado el correo, la siguiente vez que fui, con mi misma cara de
mensa a preguntar por lo mismo: mi pasaporte…se me informó de inmediato, que
podía ir a recogerlo directamente en la oficina en donde lo había solicitado.
Efectivamente mi pasaporte
ahí estaba y suspirando, y con mi pasaporte en la mano, yo me fui a mi casa
bailando la manzanilla.
Para cuando llegué, el auto
negro apostado en el mismo lugar –afuera de mi puerta- para vigilar a la
arraigada (háganme ustedes el favrón cabor)…había desaparecido.
Un sexenio después…hace
apenas unos días… fui a refrendar mi pasaporte, sin saber que me esperaba.
El trámite fue muy ágil, muy
rápido y muy sencillo. De hecho fue prácticamente el mismo que yo ya me sabía
de memoria y que había realizado durante toda mi vida adulta: tú presentas tu
recibo de pago, tu pasaporte previo, tus fotografías y tu cara de paleta y la
autoridad COM-PE-TEN-TE, los recibe, les da su visto bueno y se te expide un
pasaporte nuevo, mismo que se te entrega 30 minutos después, junto con el pasaporte
anterior perforado para inhabilitarlo.
Salí feliz y satisfecha de
la oficina a la que acudí para hacer mi refrendo. Aunque enterada de refilón y parando bien las
orejas, de que la expedición de pasaportes nuevos, se ha convertido en un círculo
cerrado alrededor de la presentación de una credencial de elector.
–Diría Mambrú que fue a la
guerra: ¡Qué dolor! ¡Qué dolor! ¡Qué pena!-
Pero esa… es una batalla que
yo no pienso a luchar, porque hasta a donde a mí compete yo gané mi guerra…así
que lo demás, por el momento, pues es harina de otro costal.
-¿No que no tronabas
pistolita?
Glosario
Favrón cabor. Mexicanísima expresión
utilizada por aquellos y aquellitas a los que Chuchita los bolsea, cansada la
tal Jesusa de que la bolseen a ella.
Cara de Paleta. Dulcísimo y
bien definido rostro de la indiciada, de la interfecta o de la ingenua pelada…
a según la administración.
¿No que no tronabas
pistolita? Lagarto, lagarto, para donde tú te muevas… yo te ensarto. Faltaría
más.
Musicografía.
Da clic para desplegar el vídeo