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lunes, 6 de enero de 2014

Así sea

El jueves pasado salí a pasear a los perritos de mi hermana y al volver a casa me crucé frente a frente con una chica que traía consigo a un bebito en su carriola.

La muchacha me saludó cortésmente, yo le respondí igual y me sonreí con ella.

Mi gesto la armó de valor para pedirme trabajo y sin dudarlo me dijo:

-¿Le lavo sus trastes?,  ¿le limpio su casa? Es que ando buscando trabajo y no encuentro.

Yo le pregunté: -¿cuánto cobra? -Y ella me miró con candidez antes de responderme:

-Lo que usted me quiera dar, es que yo no sé cuánto cobrar.

Le pedí que me siguiera dos cuadras hasta llegar a mi casa  y en el trayecto, llamé a mi amiga Mini que buscaba, sin encontrar, ayuda doméstica desde hacía varios días y ella aceptó de inmediato darle una oportunidad.

La traje conmigo a casa y después de  consensuar con mi madre y con mi hermana le dimos la bienvenida.

Nos presentamos y saludamos entre todas, y mientras ella barría el patio, yo me puse a preparar el desayuno para todos –incluidos  Mary y su bebé, por supuesto-

El pequeño Ignacio –de apenas 2 añitos de edad- nos abrazó y besó todo lo que quiso desde el primer instante y yo me dispuse a darle algo de lechita con azúcar.

Después de averiguar que el niño estaba acostumbrado a tomar café negro porque para eso es para lo que le alcanza a su mamá, preparé café pintadito con leche azucarada para Nacho, y él se lo tomó de un jalón y lo agradeció con un mar de monísimas caritas.

Al poco rato el bebé pidió cambio de pañal y como su mami no traía consigo pañales para cambiarlo, yo me fui a la tienda por un par de pañalitos desechables. Después de ser cambiado, Nachito se quedó perdidamente dormido en su carriola.

Mientras trabajaba en mi compu, Mary se me acercó tímidamente y me mostró una moneda de un dólar y me preguntó si tenía algún valor; yo le respondí que no, que a diferencia de los billetes, las monedas extranjeras carecen de valor en nuestro país.

Entonces ella guardó de nuevo su monedita y me contó que unos gringos le habían permitido lavar sus trastes y su ropa a mano y cada vez que había ido a su casa, había recibido como pago por su esfuerzo, una moneda de un dólar a cambio de su trabajo; monedas que había intentado cambiar sin suerte alguna.

Me embargó un sentimiento de total indignación y le cambié la moneda que ella llevaba consigo –Mary tiene en su casa otras 4- por 15 pesos mexicanos, sólo para conservar conmigo un recordatorio de lo jamás debe de hacerse a otro ser humano y le sugerí a Mary que no volviera con esas personas nunca más.

Un par de horas después, Mary recibió su paga de mis manos y ella y yo nos pusimos de acuerdo para vernos al día siguiente a las 8:00 A.M. en mi casa, para llevarla al depa de Mini (Mary no sabe leer ni escribir y no habla muy bien español –aunque seguramente domina algún dialecto - y siendo así, su llegada ella solita desde la zona en donde vivimos, hasta la casa de mi amiga –a una hora de distancia- resultaba prácticamente imposible)

A las 7:45 AM del viernes, Mary tocó a mi puerta y después de desayunar, nos fuimos volando a casa de Mini con todo y Nachito y su carriola.

Durante el trayecto llamé la atención de Mary hacia edificios y lugares clave para recordar, a fin de que comenzara a aprenderlos y lograra irse ella sola con Nacho hasta la casa de Mini.

Llegamos y fuimos muy bien recibidos por toda la familia (Mini, Horacio y Emilius) y yo me quedé con Mary para enseñarla a regresarse hasta su casa, toda vez que hubiera terminado sus labores.

En el transcurso del día, Mary me platicó que los fines de semana asiste a su esposo, que es ayudante de albañil, a hacer mezcla y a cargar tabiques.

En los ratitos en los que Ignacio se puso llorón, su mamá lo cargó en su espalda y lo amarro a sí misma con un rebozo, para poder calmarlo mientras seguía trabajando con su hijito a cuestas.

Pasé mi último día de vacaciones, cuidando a Nachito y platicando con Emilius –ahora de 14 años– quien me contó con un lujo de detalles francamente escalofriante, la zaga de los tres libros: “Los juegos del hambre” (incluidos los mil quinientos nombres de jarabes para la tos de todos los personajes inmersos en la trama) jugó conmigo jenga; me mostró su colección de libros leídos por puro gusto –que suman más de 50- y me presumió orgulloso, su recientemente estrenada colección de insectos disecados ( regalo del papá de Horacio) e inclusive puso la luz de su celular en el cuerpo de los bichos que le resultaban más interesantes para que pudiéramos verlos con detenimiento.

La tarde se fue como agua y comenzó a oscurecer, por lo que Mini se  ofreció a regresarnos a casa en su carro a Mary y a mí.

El rostro de Mary se iluminó por completo cuando recibió a cambio de todo un día de trabajo 250 pesos.

En compañía de Horacio, Mini y yo llevamos a Mary a una distancia de 10 minutos de mi casa en auto, la dejamos en la puerta de su casa, nos despedimos estrechando nuestras manos; y yo me llevé conmigo la más abierta sonrisa que ustedes puedan imaginar y un sentido ¡Gracias! Por parte de Mary.

De regreso calculamos con  admiración, todo el tiempo que le había tomado a ella atravesar esa misma distancia caminando y llevando consigo a su hijito en su carriola para llegar a tocar a mi puerta puntualmente esa mañana.

El próximo martes Mary vendrá a mi casa para ayudarnos un par de horas en lo que se ofrezca y la semana que entra, todos mis horarios de oficina serán reacomodados cuidadosamente por mí, para que el miércoles entrante pueda volver a acompañar a Mary hasta la casa de Mini, pero esta vez, ella me guiará a mí, para asegurarme de que ha aprendido el camino.

Trato de tener presente todo el tiempo, dar gracias por todo aquello que doy por sentado en mi vida: casa, comida y sustento; pero en lo sucesivo… intentaré recordarlo y agradecerlo mucho más, de todas las formas en las que me sea posible.
-Amén.

Glosario. 
Amén. Voz hebrea que significa así sea.

Musicografía
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