Mary es la menor de entre seis hermanos.
Haber nacido mujer eliminó por completo sus derechos de sangre a heredar alguna porción de la parcela de la familia cuando falten sus papás.
Este privilegio recaerá, cuando llegue el momento, sobre sus hermanos varones que desde ahora trabajan y cuidan lo que algún día será suyo.
Soñando con un terreno para construir su propia casa, Mary salió de su pueblo cuando tenía 15 años y llegó a la Capital.
Diez años y 2 hijos después, ella mantiene viva la misma ilusión y trabaja duro para volverla una realidad.
Mary ambiciona también un futuro mejor para sus niños, por eso Mario, su hijo mayor, ha sido enviado a vivir a la casa de sus abuelos, en donde asiste este año a Primero de Primaria, mientras su mamá trabaja para sufragar sus gastos y cuida a Nachito de 2 añitos de edad.
Cuando va a visitar a su mamá, Mary tolera malos tratos y desplantes por parte de sus hermanos, que suponen que se acerca para reclamar derechos sobre la casa que ayudó a construir mandando el dinero para hacerlo; pero ella nada dice… abraza a su madre y a sus hijos…suspirando y pensando en lo distinta que pudo haber sido su vida... si no hubiera nacido mujer.
Un día que no sé cuando será...
No habrá más fechas calendarizadas para ensalzar a las minorías,
ni me parecerá más… que solamente yo encuentro ridículo que esas minorías sean multitudinarias.
No habrá que gritarle al mundo que nos ame, y que nos escuche, y que nos respete; no a pesar de nuestras diferencias, sino porque somos distintas.
No habrá que explicarle a nadie nunca más, que apoyar…no es lo mismo que respetar, ni la valentía de una mujer será confundida más…siempre con locura.
Un día no tendremos que vendernos más, ni venderle a nadie más, la absurda idea de que somos iguales; y tendremos en verdad los mismos derechos y abrazaremos gustosas las mismas obligaciones mientras celebramos nuestras diferencias….
Mientras ese día llega:
¡Que vivan las mujeres!
Videografía
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