Durante aquellos mis días en
Italia, tuve la buena fortuna de ser invitada a la ópera por primera vez en mi
vida –ay pero que suertuda que soy- y mucho más que emocionada, completamente extasiada, ante la idea de
disfrutar de mi primera ópera en Europa, desde que lo supe, comencé a contar
los minutos para encontrarme con la italianísima Cavalleria Rusticana.
La noche del estreno, el
Teatro Verdi de Pisa estaba
completamente lleno y yo, parte feliz del nutrido público asistente, por más
que busqué, no pude dar con ningún condenado programa para usarlo como acordeón,
por lo que cansada de buscar, ignorante e ingenuamente supuse, que al terminar
el primer acto podría apropiarme de algún programita para escudriñarlo a mis
anchas.
Las luces se apagaron, la función comenzó y por más grande que fue
mi esfuerzo por entender lo que se estaba cantando frente a mí, no entendía nada,
a pesar de hablar italiano con fluidez. Más grande aún fue mi frustración
cuando se me terminó completito el
primer acto, a puro duro y dale, tratando de entender que se cantaban en escena
los unos a las otras.
Las luces se encendieron, el
espectáculo terminó (Cavalleria Rusticana es una ópera en un acto –para colmo
de mis males-) y hasta ese momento, mi gran experiencia operística, no
solamente había resultado para mí, un fiasco monumental que me había causado dolor
de cabeza, sino que además, había comenzado a atormentarme de inmediato,
sospechando para mis adentros, que mi italiano, no solamente no era tan bueno
como yo suponía, sino que seguramente era un asco porque yo no había entendido
ni la o por lo redondo.
Desilusionada, me acerqué hacia la cuatitud que me acompañó
aquella noche y mientras hacíamos planes para irnos a cenar, los oí conversar
amenamente –y programa en mano- sobre el impresionante esfuerzo hecho para montar
Cavalleria Rusticana en dialecto siciliano, tal y como había sido escrita
originalmente y el gran privilegio que significaba haber disfrutado juntos de
un dialecto musical y cantarino, del que
por supuesto, nadie había entendido nada.
Todavía me acuerdo de mi
carcajada sonora e interminable de entonces–misma que nadie pudo comprender- y
de mi muy buen humor durante toda aquella noche.
Moraleja.
Mi querido conclapache si va
usted a la ópera, al teatro, al cine, a la feria o a la esquina; vaya usted a
divertirse, que para eso anda uno dando el roll por la vida; disfrute, que para
eso se hizo el arte; agradezca si es que musas lo cubren por un instante con su
manto poderoso y aprenda a reírse de sí y consigo mismo, porque esta cualidad
transformará sus veladas en momentos inolvidables que a lo mejor un día vale la
pena compartir.
Glosario.
Acordeón. Guía práctica para comprender una obra del género que sea sin morir en el intento.
Acordeón. Guía práctica para comprender una obra del género que sea sin morir en el intento.
Cuatitud. Brothers y sis que
conforman tu muy selecta banda borracha.
Banda borracha. Círculo de
amigos y amigas.
Conclapache. Amigo/a
Musicografía
Asi es ,hay que disfrutar cualquier momento ....que para eso es la vida... para vivirla...Gracias Angie por compartir....excelente inicio de semana.
ResponderBorrarIgualmente querida Elvis. Gracias a ti por seguir el blog. Un abrazo apretado y cariñoso
Borrarjajajajaj bueníiisimo como siempre Maxiii!!!! :D
ResponderBorrarGracias amada Mini, que bueno que te gustó. Hasta acá oigo tus carcajadas. Ten una semana sensasional
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