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lunes, 14 de octubre de 2013

Pos sole mio

Durante aquellos mis días en Italia, tuve la buena fortuna de ser invitada a la ópera por primera vez en mi vida –ay pero que suertuda que soy- y mucho más que emocionada,  completamente extasiada, ante la idea de disfrutar de mi primera ópera en Europa, desde que lo supe, comencé a contar los minutos para encontrarme con la italianísima Cavalleria Rusticana.

La noche del estreno, el Teatro Verdi  de Pisa estaba completamente lleno y yo, parte feliz del nutrido público asistente, por más que busqué, no pude dar con ningún condenado programa para usarlo como acordeón, por lo que cansada de buscar, ignorante e ingenuamente supuse, que al terminar el primer acto podría apropiarme de algún programita para escudriñarlo a mis anchas.

Las luces se apagaron,  la función comenzó y por más grande que fue mi esfuerzo por entender lo que se estaba cantando frente a mí, no entendía nada, a pesar de hablar italiano con fluidez. Más grande aún fue mi frustración cuando se me terminó completito  el primer acto, a puro duro y dale, tratando de entender que se cantaban en escena los unos a las otras.

Las luces se encendieron, el espectáculo terminó (Cavalleria Rusticana es una ópera en un acto –para colmo de mis males-) y hasta ese momento, mi gran experiencia operística, no solamente había resultado para mí, un fiasco monumental que me había causado dolor de cabeza, sino que además, había comenzado a atormentarme de inmediato, sospechando para mis adentros, que mi italiano, no solamente no era tan bueno como yo suponía, sino que seguramente era un asco porque yo no había entendido ni la o por lo redondo.

Desilusionada, me  acerqué hacia la cuatitud que me acompañó aquella noche y mientras hacíamos planes para irnos a cenar, los oí conversar amenamente –y programa en mano- sobre el impresionante esfuerzo hecho para montar Cavalleria Rusticana en dialecto siciliano, tal y como había sido escrita originalmente y el gran privilegio que significaba haber disfrutado juntos de un dialecto  musical y cantarino, del que por supuesto, nadie había entendido nada.

Todavía me acuerdo de mi carcajada sonora e interminable de entonces–misma que nadie pudo comprender- y de mi muy buen humor durante toda aquella noche.

Moraleja.

Mi querido conclapache si va usted a la ópera, al teatro, al cine, a la feria o a la esquina; vaya usted a divertirse, que para eso anda uno dando el roll por la vida; disfrute, que para eso se hizo el arte; agradezca si es que musas lo cubren por un instante con su manto poderoso y aprenda a reírse de sí y consigo mismo, porque esta cualidad transformará sus veladas en momentos inolvidables que a lo mejor un día vale la pena compartir.

Glosario.
Acordeón. Guía práctica para comprender una obra del género que sea sin morir en el intento.
Cuatitud. Brothers y sis que conforman tu muy selecta banda borracha.
Banda borracha. Círculo de amigos y amigas.
Conclapache. Amigo/a


Musicografía

4 comentarios:

  1. Asi es ,hay que disfrutar cualquier momento ....que para eso es la vida... para vivirla...Gracias Angie por compartir....excelente inicio de semana.

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    1. Igualmente querida Elvis. Gracias a ti por seguir el blog. Un abrazo apretado y cariñoso

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  2. jajajajaj bueníiisimo como siempre Maxiii!!!! :D

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    1. Gracias amada Mini, que bueno que te gustó. Hasta acá oigo tus carcajadas. Ten una semana sensasional

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