Al morir mi abuelo, dejó
tras de sí un gran halo de misterio. Nadie en la familia hablaba de él ni
había fotos suyas a la mano, sin embargo, año con año en día de muertos, mis queridas
primas Vicky y Argentina - aún niñas- eran enviadas por su padre –el tío
Miguel- hasta la tumba de del Capitán II Aurelio Arellano Ortiz, con órdenes estrictas
de llevarle flores.
Ninguna de las dos conoció al
abuelo y las pocas cosas que habían oído sobre su vida eran temibles, no
obstante, el 2 de noviembre era para ellas un gran día y puntualmente, llegaban
hasta el panteón de buena gana… porque en lugar de flores, mis
primas compraban tamales suficientes para alimentar a un regimiento. De dulce,
de mole y muchos verdes y se sentaban plácidamente sobre la tumba de Don Aurelio
a comérselos todos, a sus anchas y a ver pasar el día, repitiéndole al abuelo
de cuando en cuando:
-¿Ya ves? A ti nadie te
viene a ver, porque eras malo, por eso.
Después de los tamales
seguían los dulces y el día de muertos veía su fin junto con el dinero
del tío Miguel, con la misión cumplida: dos preciosas flores –Vicky y
Argentina-habían estado todo el santo día acompañando al abuelo Aurelio y platicando con él.
Cuando Argentina me contó
esta anécdota hace poco, todavía divertida por el tamaño de su travesura, me
dio la idea de escribir sobre las historias de terror de mi familia. Hay
tantas. De nahuales, de brujas poderosas, de duendes perversos y espantos de
poca monta. Todas entretenidas, todas dignas de ser contadas y todas deliciosas. Espero recopilarlas, darles forma y en un futuro no muy lejano...compartirlas con ustedes.
Musicografía.
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